En su libro, Seis
propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino desarrolla
una reflexión sobre la Multiplicidad y se pregunta:
“¿Qué somos,
qué es cada uno de nosotros sino una combinatoria de
experiencias, informaciones, lecturas e imaginaciones? Cada
vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de
estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar
de todas las formas posibles”
Ésta cita ha motivado diversos
ejercicio del taller de escritura creativa que conduzco. Hemos
puesto la multiplicidad en el contenido de los escritos, por
ejemplo al escribir a partir de preguntas tales como, “¿Cómo
vive Latinoamérica en mí?” o en la forma
del escrito, por ejemplo al desarrollar un collage de escenas
de la vida de cada participante.
Sin embargo, además de
“utilizar” la idea de multiplicidad para motivar
ejercicios de escritura, es bello prolongar la lectura de
la cita para proponer una mirada sobre lo que son, en cierto
sentido, nuestras vidas como contenido y motor de nuestras
creaciones.
Sin duda, cualquiera puede, al
mirar lo que ha sido su vida, construir una interpretación,
darle un sentido que dependerá finalmente de sus creencias.
Algunos se preguntarán, como la canción, ¿A
dónde fueron a dar..?, o como el poema, ¿Qué
se hizo el rey…los infantes, qué se hicieron?,
o pensarán en un camino, un río, un sueño.
Pero al escribir, nadie se salvará
de entrar en el espacio de la memoria y allí encontraremos
sobre todo retazos, fragmentos, resplandores y sombras de
lo que vivimos. Inevitablemente nos reconoceremos como una
zona de contacto donde esos sucesos han dejado huella; tendremos
tarde o temprano que reconocer que aunque esos sucesos hayan
adquirido una naturaleza casi volátil en lo que llamamos
recuerdo, nuestra identidad se ha conformado gracias y a pesar
de ellos.
Me gusta releer la respuesta que
da Calvino a su pregunta, “Cada vida es una enciclopedia,
una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede
mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles”.
Esta respuesta nos permite mirar con otros ojos nuestra vida,
mirar en primer lugar su abrumadora riqueza. Cada vida, quiere
decir toda vida, cualquier vida, por notable o insignificante
que sea, la de un viajero, una vendedora de loterías
o la de un prisionero.
Una enciclopedia, una biblioteca,
un muestrario quizás para algunos pudiera significar
algo inerte, algo menor que aquello que consideramos un fenómeno
vivo, multifacético y misterioso; un espacio o un objeto
serían siempre más pobres que aquello que sentimos
cuando nos ponemos a mirar nuestra vida desde nuestro estar
vivos.
Sin embargo, al lado del olvido,
la omisión, la edición que permanentemente hacemos
cuando hablamos de nuestra vida, a su lado, las metáforas
de la enciclopedia o la biblioteca aparecen como algo grandioso
y bello, como el resultado de un anhelo de conservar, guardar,
atesorar –donde cabe mucho porque ese anhelo está
animado a su vez por el reconocimiento de la multiplicidad
como riqueza – un reservorio, un reflejo de la vida,
porque en una enciclopedia o en una biblioteca no se consignan
correspondencias con sólo algunas letras, sino que
existe –a pesar de los oscuros pudores de la academia–
la ambición de dar cuenta de todas ellas, de la “a”
a la “zeta”.
Y en las palabras “combinatoria”
“mezclar” y “reordenar” creo encontrar
el duende de la proposición de Calvino que me parece
la antítesis del orden inmóvil de una enciclopedia
o una biblioteca, es decir, me parece que alude al movimiento
(“donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar
de todas las formas posibles”), a la libertad de lectura,
interpretación, reescritura que tenemos, es decir de
acción creativa sobre lo ya hecho, lo vivido y lo que
pensamos que somos y que son las cosas.
Esa libertad que desprendo de las palabras de Italo Calvino,
es cierto que aparece dentro de una formulación que
pende de una pregunta y de unas metáforas. Y es cierto
además que el escrito de Calvino –todo el libro–
es una reflexión que se sustenta en la literatura.
¿Pero, qué es la
literatura, sino un afán por atrapar y afirmar la vida?
Me gusta pensar que Calvino al
final nos propone mirar nuestras vidas como un espacio inconmensurable
por su capacidad de conexión, donde lo que olvidamos,
omitimos, ocultamos y editamos, así como lo que recordamos,
imaginamos, agrandamos, reordenamos y creamos, todo, sin excepción,
es al final nuestra mayor riqueza, es decir nuestra posibilidad
de apropiarnos de lo vivido, de nosotros mismos en el presente
y en plena libertad, al menos cuando escribimos.
Me gusta pensar que el sentido
de la cita de Calvino es finalmente una invitación
a reapoderarnos con pasión de todo cuanto podamos recordar,
imaginar, mezclar o reordenar, liberados de inquietantes pudores
y añejas lealtades, para seguir viviendo y reviviendo,
en la escritura, hasta que estemos ciertos en nuestro fuero
interno, de honrar aquello que ya no podemos atrapar pero
que nos constituye.
Me gusta en la cita el poder de
la pregunta, “¿Qué somos, qué es
cada uno de nosotros (…)?” , porque es la forma
más justa y bella de mantener el sentimiento abismal
y a la vez de cercanía que nos produce mirar aquello
que somos y que han sido nuestras vidas.
Por eso, me sirvo de esta
cita, en primer lugar, para celebrar las fabulosas creaciones
que han surgido este año en el taller, que siempre
son citas del pasado o del futuro, pero citas al fin de lo
que somos en tanto seres creativos, constituidos también
por unos hechos que están en nuestra memoria como fragmentos,
luces o sombras.
Y en segundo lugar, para compartir y animar algo de esta práctica,
leve y poderosa que es la escritura, cuando se realiza como
un ejercicio de nuestra libertad.
Verónica Ruiz
Santiago, Diciembre 2008

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