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La
realidad del mundo de los sueños
Se
puede comparar el mensaje de un sueño con las palabras de
nuestro mejor amigo o de un buen terapeuta. No obstante, hay una
diferencia: los mensajes de nuestros sueños nos llegan cifrados
en símbolos que no comprendemos, o por lo menos, que no comprendemos
de momento. Imagine que su amigo o el médico le dicen algo
en un idioma extranjero. Usted sabe, sin posibilidad de duda, que
puede confiar en la veracidad de las palabras del mensaje, pero
no consigue descifrarlas. Para ello, tiene que aprender el idioma
en que han sido pronunciadas.
Para
descifrar un sueño, necesitamos aprender el lenguaje de nuestro
subconsciente. Una de sus características consiste en que
prescinde del tiempo y del espacio. Cosas que le han sucedido mucho
tiempo atrás permanecen aún hoy muy vividas en nuestro
subconsciente. Las personas, los lugares y las cosas pueden aparecer,
desaparecer y cambiar de forma, sin esfuerzo e instantáneamente.
El subconsciente es irracional, caótico e incluso contradictorio,
ya que actúa de acuerdo con una lógica propia, que
no tiene ninguna relación con la lógica a la que nos
referimos, cuando nos hallamos en estado de vigilia. Algo semejante
a visitar un planeta en que las leyes de la naturaleza fuesen absolutamente
contrarias a las nuestras.
Pero
no importa cuan extraño sea el terreno. A otro nivel, se
trata de un mundo absolutamente real. La mente consciente interpreta
sin cesar esa realidad. Lo mismo hace la mente subconsciente, sólo
que sigue un camino muy diverso. La realidad de una interpretación
difiere por completo de la otra, pero ambas son igualmente válidas.
La
realidad en estado de vigilia es lineal; la realidad durante el
sueño no lo es. El subconsciente es como un gran horno rugiente,
que pone en marcha sin cesar los instintos irracionales del soñante.
Se ocupa dé la creación de los sueños, creación
que obedece a voluntad de soñar de aquél.
La
voluntad de soñar no significa otra cosa que una urgencia
subconsciente de transmitir información al consciente. Estamos
tratando de decirnos algo a nosotros mismo a nivel subconsciente.
Es importante comprender esto bien, sobre todo para quien tienda
a temer los sueños y prefiera olvidarlos. Un sueño
existe porque el soñante lo crea en las profundidades de
su ser, porque quiere que la información subconsciente rompa
las barreras y llegue hasta el consciente en forma de sueño,
Los
símbolos de los sueños se convierten sólo en
símbolos cuando nos despertamos y la mente consciente vela
su significado. Mientras estamos dormidos, tienen para nosotros
un sentido absoluto.
Él
mensaje simbólico de un sueño resulta más fácil
de digerir que una verdad incómoda encarada de frente, sin
ningún disfraz. Cuando nos vamos a la cama, bajamos la guardia,
pero necesitamos alzarla de nuevo tan pronto como despertamos. Si
tuviésemos que recibir los mensajes no cifrados, probablemente
nos invadiría el pánico y se nos destrozarían
los nervios.
Los
sueños actúan como amortiguadores, como válvulas
de seguridad. Nos dan la oportunidad de asimilar sus mensajes a
nuestro propio ritmo. La mente consciente tiene que proceder a un
pequeño trabajó a fin de comprender los símbolos.
El hecho de tener un sueño supone una indicación de
que la mente consciente está dispuesta á aceptar la
información contenida en el sueño. Los símbolos
sirven para atenuar el choque que esa información puede causar.
Nuestra
voluntad de soñar cambiará probablemente a medida
qué evolucionamos. Cuanto más trabajemos nuestros
sueños y cuánto mejor lleguemos a comprender sus símbolos,
más nos apegaremos a su interpretación y más
fácil nos será asimilar la información que
transmiten. Desde luego, seguirá teniendo sueños simbólicos,
pero se conectará con su subconsciente de manera más
íntima y más amistosa. Sin duda llegará un
momento en que sea capaz de interpretar los símbolos -incluso,
posiblemente, controlarlos- mientras está soñando
con ellos.
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