| EL
LENGUAJE DE LOS ARQUETIPOS
Los
arquetipos son temas universales que afloran desde el inconsciente
colectivo y que reaparecen de forma simbólica en los mitos,
los sueños y los sistemas de símbolos.
En la mayoría de los casos, los sueños arquetípicos
dejan la impresión en quien los sueña de qué
proceden de una fuente situada más allá de lo que
habitualmente identificamos como nosotros. En realidad, lo que de
verdad importa no es tanto si esta fuente es una especie de reserva
de la verdad espiritual o una dimensión inexplorada de nuestra
mente, como el mero hecho de ser conscientes de su existencia.
En nuestros “grandes” sueños, los arquetipos se manifiestan
en forma de símbolos o bien se personifican en la figura
de un dios, un héroe, un monstruo fabuloso o los poderes
enfrentados del bien y del mal, con los que la mente consciente
está ya familiarizada. Los seguidores de Jung, sin embargo,
puntualizan que no es correcto limitarse a identificar un único
arquetipo en particular, ya que cada uno de ellos es tan sólo
un fragmento del yo en su conjunto, por lo que únicamente
integrando los diferentes arquetipos del inconsciente colectivo
se puede aspirar a la individuación.
Los sueños arquetípicos tienden a tener lugar en los
momentos de transición más importantes de la vida,
como los primeros días de escuela, la pubertad, la adolescencia,
la paternidad, la madurez, la menopausia y la vejez, aunque también
se manifiestan en épocas de trastornos e incertidumbres,
y definen el proceso hacia la individuación y la madurez
espiritual.
De todos modos, Jung advierte que, si el material de los sueños
arquetípicos contradice en gran medida las ideas y las convicciones
de la mente consciente, o bien carece de la coherencia moral del
material mitológico genuino, se corre entonces el riesgo
de asistir a una división entre el inconsciente colectivo
y la vida en estado de vigilia de la persona que sueña. Y
para poder ir más allá, es preciso superar primero
estos bloqueos de la mente.
Los arquetipos oníricos son fundamentales a la hora de indagar
en nuestro "verdadero yo". Si los buscamos en los sueños
y aprendemos a reconocerlos, podemos construir puentes que nos lleven
hasta nuestra mente inconsciente.
Y es que cada arquetipo viene a ser un eslabón
más en la cadena de asociaciones míticas, de manera
que al identificar uno de ellos podemos conducir otros hasta la
consciencia del sueño y, de ese modo, profundizar aún
más en nuestro inconsciente colectivo.
Sabemos que hemos accedido al universo de los arquetipos cuando
nuestros sueños presentan elementos imposibles de darse desde
un punto de vista racional en nuestra vida cotidiana y que, por
tanto, nos llevan al «universo del mito y la magia».
La mayoría de los sueños son un
reflejo de las limitaciones de la vida real, pero desde el momento
en que nos encontramos en un mundo de formas cambiantes en el que
los animales hablan, las personas se levantan como si nada después
de haber sufrido heridas mortales de necesidad, los desconocidos
entran por puertas cerradas con llave y los árboles se convierten
en hermosas mujeres, sabemos que nos encontramos en presencia de
los arquetipos.
Tanto las imágenes como las situaciones de los sueños
arquetípicos suelen presentar, de antemano, una intensidad
dramática predeterminada. Así, es normal que el sueño
transcurra en un contexto histórico o cultural bien diferente
al de la persona que sueña, símbolo inequívoco
de que ésta se halla viajando más allá de los
límites de la experiencia sensorial y psicológica
propios del estado de vigilia. Se sabe, además, que los sueños
arquetípicos son percibidos por parte de quien los sueña
con un halo de trascendencia que deja entrever «cierta ilusión
de iluminación, aviso o ayuda sobrenatural.
Los sueños arquetípicos tienen
eso que Jung denominó «carácter cósmico",
una sensación de infinidad temporal o espacial que se traduce
en ciertas experiencias del todo irreales, como la de desplazarse
a una velocidad vertiginosa a lo largo de enormes distancias, volar
como un cometa por el espacio, contemplar la Tierra desde muy arriba
o notar cómo el propio yo trasciende su individualidad específica
hasta abarcar todo el universo. Este carácter cósmico
también puede aflorar en nuestros sueños en forma
de símbolos astrológicos o alquímicos, o bien
a través de experiencias de muerte y renacimiento.
Un gran número de sueños arquetípicos incluyen
situaciones de viajes mágicos o iniciáticos que a
menudo representan, como la búsqueda del Santo Grial, el
deseo de encontrarse a sí mismo. Estos episodios iniciáticos
suelen simbolizar una especie de viaje al inconsciente, en el que
el protagonista intenta hallar y asimilar diversos fragmentos sueltos
de la psique con el objeto de alcanzar una unicidad y una confianza
psíquicas que le diferencien de la comunidad.
Hay, además, otros viajes arquetípicos,
como el de las travesías hacia el sol naciente, que representan
un proceso de renacimiento y de transformación.
Otro arquetipo fundamental es el espíritu, lo opuesto a la
materia, que en los sueños suele manifestarse en ocasiones
a través de una sensación de infinidad, amplitud e
invisibilidad. A veces se presenta también en la forma de
un fantasma o de una persona ya fallecida, y su presencia suele
indicar cierto conflicto entre el mundo material y el inmaterial.
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