| Entre
el descanso y la vigilia
Frente
a la vivida intensidad de los sueños de la fase REM, las
imágenes que visitan nuestra mente tanto al quedamos dormidos
como antes de despertar discurren entre los limites mismos del sueño
y el estado de vigilia. Frederick Myers, uno de los investigadores
británicos pioneros en el estudio del inconsciente, acuñó
los términos «hipnogógico» e “hipnopómpico"
para referirse a los sueños que se tienen justo antes de
quedar dormidos y nada más despertarnos, respectivamente.
En el momento en que una persona se queda dormida, su cerebro emite
los acompasados ritmos alfa propios de un estado de profunda relajación,
y tanto el pulso como la respiración se vuelven más
lentos, al tiempo que desciende la temperatura corporal. A continuación,
los ritmos alfa empiezan a espaciarse y se entra de lleno en la
primera fase del sueño, en que por unos momentos la mente
se ve bombardeada por unos extraños sueños alucinatorios,
propios del estado hipnogógico. En realidad, más que
sueños propiamente dichos se trata de visiones, ya que carecen
de la complejidad narrativa y las resonancias emocionales que caracterizan
los sueños de las fases más profundas.
Las últimas investigaciones llevadas a cabo en torno a los
sueños hipnogógicos se han centrado en la precisión
de sus imágenes. Además de los escenarios, los objetos
y los caracteres propios de los sueños de la fase REM, las
imágenes hipnogógicas dan cabida a formas imprecisas
como ondas de color, diseños, dibujos o palabras, a menudo
de un idioma extranjero o antiguo, o incluso de uno imaginario.
Además, los rostros arquetípicos de escrutadores ojos
entran y salen caóticamente de escena, al igual que los personajes
de los cómics, y en ocasiones las imágenes aparecen
vueltas boca abajo o invertidas, como si se reflejaran en un espejo.
Las experiencias hipnopómpicas comparten un gran número
de características con las hipnogógicas, y algunas
de ellas persisten unos instantes cuando la persona se despierta.
Se conoce el caso de gente que al despertarse de un sueño
hipnopómpico ha visto unas figurillas bailando alrededor
de la cama o se ha encontrado con un paisaje totalmente surrealista
y desconocido al mirar a través de la ventana del dormitorio.
Y los testimonios de alucinaciones auditivas son todavía
más numerosos que los de tipo visual tanto en el estado hipnogógico
como en el hipnopómpico.
Voces que advierten de desastres inminentes, misteriosos fragmentos
de un diálogo o compases de una música encantadora
se pueden oír con la misma claridad que si viniesen de la
propia habitación. Asimismo, son muy frecuentes las sensaciones
táctiles y olfativas.
Buena parte de las más recientes investigaciones llevadas
a cabo han tenido por objeto explicar precisamente la naturaleza
alucinatoria, a menudo como salida de un estado de trance, de los
sueños hipnopómpicos e hipnogógicos analizando
el papel que desempeña el ego en ese estado en que la consciencia
fluctúa entre el sueño y la vigilia. Se ha sugerido
la posibilidad de que los sueños hipnogógicos premonitorios
son el resultado del intento del ego por recuperar el control de
los procesos de pensamiento después del rápido cambio
que tiene lugar en la consciencia como consecuencia de la pérdida
de contacto con la realidad de la vigilia.
El psicólogo estadounidense Andreas Mavromatis ha sugerido
la posibilidad de que tanto las experiencias hipnopómpicas
como las hipnogógicas actúen como inhibidores de la
ansiedad, al alejar de la mente de la persona las preocupaciones
y las tensiones de la vida en estado de vigilia, y facilitar así
el desarrollo personal.
Al dejar a un lado la complejidad narrativa y emocional de los sueños
de la fase REM, así como las restricciones propias del pensamiento,
este tipo de sueños permite profundizar en el conocimiento
del propio inconsciente. Por otro lado, al comparar, contrastar
y seleccionar todo el material almacenado en la mente, se genera
toda una serie de percepciones creativas que afloran a la consciencia
sin que se sepa de dónde proceden.
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