| Estructura
Jungiana de la Psique
Jung
hizo el interesante descubrimiento de que en los sueños continuamente
aparecían representados aspectos bien determinados de la
personalidad. Estos constituyen cuatro arquetipos que juegan papeles
fundamentales en nuestra personalidad.
La Máscara, La Persona o El Personaje:
El personaje es la máscara o fachada que exhibimos públicamente,
con la intención de presentar una impresión favorable,
para que la sociedad nos acepte. Podría también llamarse
arquetipo de “conformidad". Es la base de la vida social y
comunitaria. Este arquetipo, está al servicio de la adaptación
social, nos capacita para tratar a la gente, aún a aquellas
personas que no nos agradan, de manera amable.
Una persona puede tener más de una máscara. En el
hogar puede usar una máscara diferente a la que usa en el
trabajo o en reuniones sociales. Colectivamente, sin embargo, son
todas sus máscaras las que constituyen su persona. Él
simplemente se conforma, de maneras diferentes, a situaciones diferentes.
La conformidad, naturalmente, ha sido reconocida siempre como un
factor importante en la vida social, pero nadie antes de Jung sugirió
que era la expresión de un arquetipo innato.
El papel de la persona o máscara, puede ser perjudicial como
beneficioso. Si una persona se mezcla y se preocupa demasiado por
el papel que desempeña y su ego comienza a identificarse
exclusivamente con su papel, los otros aspectos de su personalidad
serán dejados de lado. Es cuando este arquetipo inunda la
psiquis de la persona, y produce una alienación de su naturaleza
y vive en un estado de tensión debido al conflicto entre
su personaje súper desarrollado y las partes subdesarrolladas
de la personalidad.
A esta identificación del ego con la máscara se le
llama ”inflación". Por una parte, la persona tiene un
sentido exagerado de su propia importancia, lo cual es consecuencia
de haber desempeñado su papel con tanto éxito. Ella
lo “impone" a la gente. A menudo trata de proyectar este papel
en los demás y demanda que desempeñen el mismo rol.
Los padres, a veces, tratan de proyectar sus personajes en sus hijos,
con consecuencias desafortunadas. Las costumbres y las leyes que
se refieren a la conducta personal, son expresión de un personaje
colectivo. Tratan de imponer normas uniformes de conducta a todo
el grupo, sin considerar las necesidades del individuo. El peligro
que la inflación constituye para la salud mental es obvio.
Por otra parte, la víctima de la inflación puede padecer
también de sentimientos de inferioridad y de auto recriminación,
cuando es incapaz de vivir según las normas a las que debe
ajustarse. Como resultado de ello, puede sentirse alienado de la
comunidad y experimentar sentimientos de soledad y abandono.
El “Anima y el Animus":
Jung llamaba a la Máscara el “rostro externo” de la psiquis,
debido a que es ése el rostro que el mundo percibe. Al “rostro
interno" lo llamaba “ánima" en el hombre y “ánimus"
en la mujer. El arquetipo ánima es el lado femenino de la
psiquis varonil; el arquetipo ánimus es el lado masculino
de la psiquis femenina. Toda persona posee cualidades psicológicas
del sexo opuesto, en términos de actitudes y sentimientos.
El hombre ha desarrollado su arquetipo ánima por la continua
exposición a las mujeres durante muchas generaciones, y la
mujer ha desarrollado su arquetipo ánimus por su exposición
a los hombres. A través de la vida y la interacción
con otro durante generaciones, cada sexo ha adquirido características
del sexo opuesto que facilitan las respuestas adecuadas y la comprensión
del sexo opuesto. Así los arquetipos ánima y ánimus,
como los de la persona, poseen un alto valor de supervivencia. Para
un adecuado ajuste de la personalidad y equilibrio psicológico,
deben integrarse estos aspectos expresándose en la conciencia
y la conducta. Si un hombre exhibe solamente rasgos masculinos,
sus rasgos femeninos permanecen inconscientes y por lo tanto estos
rasgos quedan sin desarrollar y en estado primitivo. Esto otorga
al inconsciente una cualidad de debilidad e impresionabilidad. Por
ello es que el hombre de aspecto más viril y de conducta
más viril es a menudo débil y sumiso por dentro.
Una mujer que exhibe una femineidad excesiva en su vida externa
tendrá las cualidades inconscientes de empecinamiento u obstinación,
cualidades que están presentes en la conducta externa del
hombre. La mujer hereda su imagen del hombre y establece, inconscientemente,
ciertos criterios que han de influir fuertemente en su aceptación
o rechazo de cualquier hombre específico. La primera proyección
del animus se hace sobre el padre. Más tarde la proyecta
sobre aquellos hombres que despiertan sus sentimientos en un sentido
positivo o negativo. Si experimenta una atracción apasionada",
el hombre será uno que tenga los mismos rasgos que su ánimus.
A la inversa, si experimenta “aversión", el hombre será
uno que posea cualidades opuestas a su imagen-animus inconsciente,
lo mismo es válido para el caso del “ánima" en
el hombre.
Así como la máscara podía encontrarse “inflada",
en el caso del ánima o ánimus, se encontrarían
subdesarrollados. Esto está relacionado con factores socioculturales
occidentales, en que se le otorga mucho valor a la conformidad y
se menosprecia a la femineidad en los hombres y la masculinidad
en las mujeres. Esta falta de integración y desarrollo de
nuestro arquetipo interno del sexo opuesto, puede desequilibrar
la estructura de personalidad de un individuo. Algunos hombres transvestistas
y ciertos homosexuales afeminados pertenecen a esta categoría,
es decir, se han identificado absolutamente con su ánima.
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