x
Psicología

            

 
¡¡¡Viva la diferencia!!!
 

Uno de los ingredientes más problemáticos de los conflictos es tan evidente, que a menudo se pasa por alto: el otro miembro de la relación pertenece al sexo opuesto. Quizá piense que no necesitaba leer este artículo para que le dijera esto... Pero las diferencias biológicas, mantenidas culturalmente entre los hombres y las mujeres, constituyen una fuente de conflicto en la mayoría de las parejas. Fundamentalmente, esto es debido a que esas divergencias se ignoran cuando se trata de buscar la raíz de una situación difícil.

La lista de quejas que tienen las mujeres sobre los hombres, y los hombres sobre las mujeres, es aparentemente interminable, y ha sido materia de innumerables libros y artículos, series de televisión, estudios sociológicos y sesiones de terapia. Las mujeres acusan a los hombres de una serie de defectos percibidos: No escuchan, no se comunican, no expresan sus sentimientos, no hacen las tareas que les corresponden, se dan aires de superioridad, son dominantes y lo único que les importa es el sexo. Además, son exigentes, descuidados, poco fiables e insensibles.

No es sorprendente que la mayoría de las quejas comunes que plantean los hombres sobre las mujeres sean la cara opuesta de las quejas de las mujeres sobre los hombres; para ellos, las mujeres son demasiado emocionales, hablan demasiado, no responden sexualmente, son demasiado exigentes, demasiado sensibles y se muestran abiertamente preocupadas por su aspecto.

Los hombres y las mujeres están enfrentados porque, literalmente, no se comprenden los unos a los otros. Las interpretaciones mal construidas y la comunicación mal desarrollada, se encuentran a menudo detrás de la confusión, el juicio y las heridas que caracterizan actualmente tantas relaciones entre hombres y mujeres. La resolución, por lo tanto, exige primero ser conscientes de cómo los hombres y las mujeres difieren física y psicológicamente, para luego ver cómo se ven culturalmente ampliadas y distorsionadas esas diferencias.

Sólo a través de la conciencia de su herencia de género, pueden comprender cómo surgen los conflictos y aprender a resolverlos, con aceptación y empatía, antes que con sentido de culpa. Sólo cuando comprendemos y valoramos las energías y sensibilidades del sexo opuesto podemos abrirnos a nuestras propias energías contrasexuales, aspectos de nuestro ser perdidos y negados, que hemos sacrificado en aras de la socialización. Sólo entonces podemos ser equilibrados e íntegros.

Diferencias físicas
Enumeraremos algunas diferencias físicas cuantificables entre el hombre y la mujer, entendiendo que esta simplificación sólo tiene la intención de servir como base de discusión. Algunas diferencias parecen ser cuestión de simple fisiología: los hombres son, por término medio, un diez por ciento más altos que las mujeres, tienen un porcentaje significativamente mayor de músculos y un vello corporal más abundante y áspero. Las mujeres tienen articulaciones más flexibles, un porcentaje significativamente superior de grasa en el cuerpo (y una distribución diferente de la misma) y una vida media superior (aunque el 60 por ciento de esta diferencia es el resultado del aumento de los riesgos sociales para los hombres).

Muchas de estas diferencias, puramente físicas (y en particular la fortaleza física de los hombres y la capacidad de las mujeres para tener hijos) tuvieron un impacto mucho más significativo sobre los roles de sexo y la división del trabajo antes de la industrialización y del control de la natalidad de lo que tienen o deberían tener ahora. Pero otras diferencias, parecen afectar significativamente cómo los hombres y las mujeres perciben el mundo, funcionan, e interactúan en él.

Hormonas
Otra diferencia crucial entre hombres y mujeres es la hormonal: la presencia de estrógeno en las mujeres y el nivel significativamente más alto de testosterona en los hombres Estas hormonas tienen un impacto sobre la salud (el estrógeno protege las arterias; la testosterona fortalece los músculos) y también sobre el desarrollo cerebral. Los cerebros de hombres y mujeres se desarrollan de modo diferente, y esas diferencias se están vinculando cada vez más con diferencias en la percepción y en el comportamiento.

La función cerebral en los hombres se halla más focalizada en el hemisferio izquierdo, lo que explica que sean los primeros en lógica, razonamiento, y pensamiento racional. Los cerebros de las mujeres tienen un corpus callosum más espeso; se trata del cable nervioso que conecta las mitades izquierda y derecha del cerebro, de modo que sus habilidades se hallan más uniformemente divididas y poseen mayor capacidad para integrar el pensamiento de ambos hemisferios.

Puesto que entre las funciones del cerebro derecho se incluyen el pensamiento abstracto y las habilidades de comunicación, el canal abierto entre los lados izquierdo y derecho de los cerebros de las mujeres explica probablemente su mayor capacidad para comunicarse, y que sean mejores a la hora de expresar sus propios sentimientos e intuiciones. Todas estas diferencias biológicas, en combinación con el reforzamiento y el estereotipo cultural, tienen como resultado formas divergentes de percibir y enfocar el mundo. Y son precisamente estas diferencias, y no las relativas a la fortaleza, función reproductora, etcétera, las que juegan el papel más importante en las relaciones hombre/mujer.

Aceptar al "otro" parece sencillo e inofensivo. No obstante, y según lo vemos a diario, la gente tiene dificultades para aceptar las diferencias en sus parejas sin efectuar juicios de valor acerca de esas divergencias. Hay algo equivocado acerca de las diferencias, algo que necesita cambiarse. "¿Quieres decir que no te gusta la ópera?"; "¿Que no te gusta tener sexo oral?"; "¿Que quieres decir con eso de que nunca comes ostras?"; "¿Te parece que eso es divertido?". Se menosprecian hasta las diferencias mas sencillas relativas a gustos, y mucho más cuando se trata de discrepancias fundamentales relativas al temperamento o el punto de vista.

Resulta difícil reconocer que los demás también viven en sus propios mundos, y que su forma de ver las cosas tiene su propia integridad y legitimidad, tanto si estamos de acuerdo como si no. Esta visión perceptiva, que parece limitada por anteojeras, conducen al juicio de valor y a la acusación que socava la comunicación y la individualidad. Si espera tener éxito en su matrimonio, con su pareja, o con un compañero de trabajo de sexo opuesto al suyo, lo primero y fundamental que debe hacer es aceptar una realidad conmocionante: el otro no es usted. Ella o él es otra persona igualmente válida y digna. Y una de las razones principales por la que el otro no es usted, por lo que ve las cosas de un modo diferente al suyo, es pura y simplemente porque él o ella es un hombre, o una mujer, y usted no lo es. Por eso...

¡¡¡ Viva la diferencia !!!

Enero 2005

                                                                

E-Mail

Si tienes algo interesante que contarnos, envíalo a través de un E-mail.

 

Ir Arriba

Volver a Página Psicología

mundo mujer ® Todos los derechos reservados. 2001