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EL VALOR DE LA SOLEDAD Dentro
de mi experiencia clínica, el enfrentamiento del tema
de la soledad es una problemática esencialmente humana
y muy recurrente dentro de las manifestaciones
conductuales dentro la terapia. Pareciera ser que algo
tan básico dentro de nuestra condición de humanidad,
es negado, no aceptado y además evitado debido a la
fantasía de dolor que emergería si asumo completamente
que "soy solo". El
ser capaz de conectarse con esta sensación, con esa
realidad, tiende a ser vivido con mucha angustia y en
algunos casos con desesperación. Es
que parece, que no hemos aprendido a ser amigos de
nosotros mismos, no hemos aprendido a que dentro de
nosotros están todas las respuestas que buscamos tan
agotadoramente en lo externo; no hemos aprendido que
nacemos solos y morimos solos y que la suerte de ser
acompañados en nuestro caminar por nuestros padres,
parejas, hijos, es algo que no está establecido de
manera rígida, ni tenemos la vida comprada como para
suponer que nuestra realidad siempre va a ser así. De
hecho, pareciera que mientras más seguros nos sentimos
de algo, menos lo cuidamos y más fácilmente lo
perdemos. Al perderlo nos volvemos a enfrentar a esta
tremenda realidad. Estamos y somos solos y tenemos que
asumir y disfrutar eso. La
soledad es una realidad afectiva que nos permite
contactarnos con nosotros mismos, con nuestros más
profundos sueños y conflictos. De ella tenemos que ser
amigos para poder relacionarnos con los demás de manera
armónica y efectiva. Es
bien sabido que los orientales tratan de "estar
solos" para meditar, ordenar y planificar su
estructura interna. Lo mismo se puede decir del poder
que tiene la oración como vehículo clarificador,
tranquilizador y ordenador de nuestras vidas. En
realidad poco importa cual sea el medio o el camino que
elegimos para conectarnos con nosotros mismos, lo
importante es hacerlo, es sacarnos el miedo en el que
vivimos, tanto externo como interno, para llegar a
nuestra esencia más profunda, para preguntarnos ¿quienes
somos? o ¿cómo estamos siendo? ¿a donde queremos ir
para ser felices?. Alguien
me dijo algo muy hermoso "Dios cuando nos creo,
tuvo un sueño para nosotros, un sueño de
felicidad". Yo
invitaría a preguntarnos si hemos descubierto cuál es
y si estamos haciendo algo para cumplir el sueño de
Dios, sea cual sea la idea que tengamos de él. La mejor manera para preguntarse eso es tomar conciencia con nuestra soledad, con el silencio, porque "ese sueño" es individual, es único e irrepetible. Esto haría que nuestra vida sea una linda batalla por cumplir y realizar ese sueño aprovechando todas nuestras debilidades y fracasos. La
soledad es innegable, la vamos a experimentar toda la
vida, todos nosotros somos carentes y por lo tanto nos
vamos a sentir solos o que algo nos falta, no lo podemos
evitar, por lo tanto asumámosla, no la evitemos llenándonos
de gente, busquemos el silencio para ordenarnos y
descubrir y realizar ese sueño que algunos, y también
nosotros, desde niños tenemos dentro.
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