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Psicología

            

 

  Relaciones Kármicas

Fernando Giraldo
 

 

Hace un par de días conversaba con algunas personas acerca de las relaciones kármicas, es decir, todas las relaciones que tenemos con los demás seres humanos. A la luz de esta visión, todos los vínculos que establecemos con los otros, tienen una connotación kármica, Es decir, venimos a pagar una deuda (o a cobrar), a aprender (o enseñar) una lección o a perpetuar el amor, como bien dijo Edgar Cayce.

 

Cuando comenzamos a mirar la vida desde esta altura, quizás sea posible adquirir una actitud mas compasiva con los demás, comprendiendo que no hay mala suerte, ni que Dios nos tiene castigados en esta encarnación, ni que ese otro ser humano que se ha cruzado en mi camino tiene la mala intención de hacerme daño. Que no es mi padre, o mi madre que me dejó abandonado, o que me equivoqué en la elección de mi pareja. No, nada de eso, en el universo maravilloso que Dios a creado no puede haber esos errores tan garrafales.

 

Cuando nos cruzamos en el camino con una persona que nos hace sufrir, y con la cual tenemos desilusiones o nos vemos en circunstancias difíciles, es que hay siempre una lección que aprender. La pregunta más indicada sería justamente: ¿Y CUAL ES LA LECCION QUE DEBO APRENDER DE ESTA EXPERIENCIA? ¿PARA QUE Y POR QUE?

 

Decía una astróloga americana que las almas nacen por grupos y traen consigo algunos compromisos que han acordado con otras almas para hacer mas entretenida la existencia en la tierra. Existen grupos de almas con un vínculo muy estrecho (familia, padre, madre, abuelos, hermanos, etc.), también existe otro que no tienen vínculos tan estrechos (primos, parientes lejanos, amistades...) y un tercer grupo que aparentemente no tiene ninguna importancia (el micrero, el taxista, el tendero...) seres que no sabemos ni como se llaman, pero que a veces nos vienen a dejar un regalito, por ejemplo el micrero que va muy lento y nosotros estamos muy apurados. Sin conocernos, también allí tengo una lección que aprender.  Y si seguimos observando nuestra vida, nos vamos a encontrar con que cada experiencia de vida, a cada minuto y segundo siempre hay algo que podemos capitalizar para nuestra evolución.

 

Sin embargo, para llegar a ese estado permanente de observación y atención, hay que realizar un esfuerzo por despertar nuestra conciencia “adormecida”. Tenemos que dejar de ser “robots” que andan por la vida haciendo las cosas mecánicamente y estar más atentos a lo que sucede a nuestro alrededor para poder entender los mensajes. Debemos de ser  inocentes, es decir, no ser prejuiciosos,. ... Por algo será... Cuando uno no aprende una lección, tiene que repetir la experiencia, hasta que la aprenda.

 

¿Será por eso que damos con parejas que tienen rasgos muy similares? ¿Será por eso que repetimos año tras año lo mismo?   Es para pensarlo.

 

Para romper este círculo vicioso debemos producir un cambio interno (evolucionar, expandir la conciencia). Debemos procurar estar bien internamente para que todo afuera este bien, y no al contrario. Recuerdo aquí la historia del rabino que necesitaba preparar su charla para el domingo, y su hijo de 5 años no le dejaba concentrar, pues jugaba muy cerca de él. El rabino tomó un mapamundi y lo cortó en pedazos pasándoselo a su hijo para que lo armara. Penso que iba a estar largo rato haciéndolo, cuando a los minutos, llegó su hijo con el puzzle armado. Su padre le preguntó como lo había hecho si no conocía el mapamundi. Su hijo le respondió que al reverso del mundo estaba una figura de un hombre, y que sencillamente armó esa figura y después le dio vuelta quedando así el mapa del mundo.

 

El rabino sacó una un mensaje para la charla que estaba preparando: SI EL HOMBRE ESTA BIEN, EL MUNDO ESTARÁ BIEN. Si tu actitud frente a la vida, cambia, seguramente la actitud de quienes estén cerca también cambiará.


febrero 2004

                                                                

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