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LOS LIMITES Como
padres, normalmente nos estamos cuestionando con respecto a la crianza
que le estamos dando a nuestros hijos. Pero existe un aspecto que nunca
debemos olvidar: “en nuestra labor de criar no hay que tener miedo a
ejercer nuestra autoridad que la labor parental conlleva”. Esto
tiene que ver con mostrar a nuestros hijos desde pequeños que el mundo
tiene un orden preestablecido, y que existen conductas que son buenas y
deseables y otras malas e
indeseables. Las
conductas buenas son, por ejemplo, compartir los juguetes, obedecer a
los padres, ordenar la pieza, comer la comida etc. Estas conductas
siempre requieren ser reconocidas por los padres a través de la
alabanza ( realista), de un beso, de un gesto de cariño, o de salir a
los juegos o al cine etc. Esto como premio por su buena conducta, es
importante que tu hijo lo perciba ( el premio)
como una consecuencia directa de su conducta buena o deseable.
Por esto, es importante que la recompensa no sea demorada, sino que se dé
en forma inmediata, sobretodo en los niños más chicos. En
cambio, existen otro tipo de conductas que requieren de alguna sanción
y este es el punto clave en el ejercicio de la autoridad paterna.
Primero hay que saber de antemano qué conductas serán inaceptables. Dentro
de la línea conductista se consideran cuatro: DESTRUIR, AGREDIR,
MENTIR, ROBAR. Las
dos primeras conductas ( destruir y agredir) se dan desde que los niños
son pequeños y es necesario no dejarlas pasar, porque en general,
afectan el funcionamiento del grupo social y el desarrollo psicológico
del niño. Por esto, se recomienda sancionarlas desde un principio, a
través del Aislamiento Físico. Esto significa primero, retirar al niño
a una pieza solo ( una pieza lo más aburrida posible, puede ser el
pasillo).Es importante que el lugar donde se aísla al niño, no tenga
algún tipo de connotación negativa, como “ el rincón de los
tontos“, que descalifique o ridiculice al niño. El aislamiento
debe efectuarse apenas se presente la conducta intolerable o como máximo
15 segundos después de que haya terminado de presentarse. Mientras se
procede aislar, es conveniente mostrarle al niño que estamos molestos y
enojados por lo que hizo, pero no por lo que él es. Siempre es bueno
especificar en términos bien concretos la conducta que se está
sancionando. Una
vez que se ha tomado la determinación de aislar al niño, se debe
seguir adelante, aunque el niño llore, alegue, grite, jure que nunca más
o que declare un muy sentido ” mamita te quiero tanto”. Cuando
el niño haya cesado sus intentos de evadir o invalidar la sanción,
deberá esperarse un mínimo de 3 minutos o un máximo de 5 minutos,
para terminar con el aislamiento es necesario que esté calmado y
tranquilo. Es
el cambio en la conducta del niño lo que importa para terminar con el
aislamiento. Hay que tener
en claro que todos los adultos que tratan directamente con el niño, estén
al tanto de cuáles conductas están siendo tratadas, qué se hace
frente a ellas, por qué se tratan así y cómo se aplica el
procedimiento. Importante
puntualizar que aunque uno vea errores en el procedimiento, no se debe
desautorizar, ni criticar a la persona en cuestión, delante del niño. Cuando se está aislando al niño, es necesario controlar la rabia que tenemos, primero pensar y hacer notar que la conducta negativa es la que estamos sancionando, y no a nuestro hijo, por ejemplo, “porque estabas destruyendo tus juguetes, ahora te vas a la pieza y te quedas ahí hasta que te venga a buscar”. Y no decir “ eres malo, o eres un diablo “, es decir, no atribuir adjetivos negativos, que definan al niño como persona, ya que esto afecta su autoestima y de tanto repetirlo puede llegar a cumplirse, lo que se ha denominado como la “ profecía auto cumplida “. Tener siempre en cuenta que la sanción la hacemos justamente porque queremos a nuestro hijo y por eso no podemos permitir que continúe con la conducta intolerable. Como padres es nuestro deber mostrar el camino de lo permitido y de lo que no lo es. Si nuestro hijo empieza a contestar o a provocarnos no enganchar, la decisión de aislarlo ya está tomada y nada la puede cambiar. Ojo que el aislamiento puede iniciarse entre los dos y tres años. Si el niño está atravesando por situaciones traumáticas (duelo, separación de los padres, nacimiento primer hermano, abstenerse de este tipo de sanción.) Cuando los niños son más grandes el aislamiento no se justifica, conviene retirar algún tipo de privilegio, llamadas telefónicas, salir, dejar de ver televisión, etc.
Andrea Carmona K. |
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