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Psicología

            

La Experiencia del Dolor 

Psicóloga: Pilar Sordo M. 

 

Dentro de la experiencia clínica el entrenamiento en el tema del dolor es algo habitual y cotidiano. En quince años de trabajo he observado formas de enfrentarlo, vivirlo y superarlo. El dolor psicológico es un estado mental subjetivo, que abarca toda la complejidad del ser humano desde lo físico hasta lo espiritual.

 

Este estado es vivenciado cómo desagradable, permanente e invalidante lo que en muchas ocasiones dificulta el desempeño adecuado de las diferentes áreas de la vida.

 

La tendencia general de la población para enfrentar el dolor, no siendo la  sana, es negarlo, minimizarlo, no expresarlo y taparlo tanto frente al resto como a si mismo.

Este dolor puede ser provocado en la persona por sinfín de razones, los duelos, las perdidas en general, las separaciones, las crisis de vida de pareja, enfermedades físicas, etc., y va a depender de cómo se viva la expresión del dolor, el éxito y la superación de la situación.

Llama la atención cómo algo tan natural y humano como el enfrentamiento a la muerte es vivido tan contradictoriamente en al menos nuestro país.

 

Si asistimos a un funeral y nos preguntamos cómo estaban los más cercanos al difunto, nuestra respuesta va a ser bien, si es que los vimos enteros, controlados, con tranquilizantes, sin llorar, en resumen sin expresar ningún sentimiento que nosotros evaluemos cómo negativos ( pena, rabia, desesperación, schock, etc.,). En cambio vamos a evaluar en franco desequilibrio a alguien que  si los expresa.

 

Este puntual ejemplo muestra la errónea valorización de los procesos de sufrimiento, viéndolos como algo negativo con la fantasía de que si los expresamos aumentará nuestra pena, cayendo casi en un abismo depresivo incontrolable.

 

La tristeza, la pena, el llanto, son emociones que necesitan salir para producir el alivio necesario a toda la estructura psicológica, que gasta mucha energía sin sentido en tratar de controlarla.

 

Al dominar nuestro dolor estamos  agregando angustia, la que por definición, va a mantener por más tiempo y a un alto costo todas las emociones que según nosotros tratamos de  “guardar” para que pasen o “desaparezcan”.

 

El dolor es una oportunidad maravillosa y mágica para contactarnos con nuestra humanidad, con nuestra vulnerabilidad, con la posibilidad de ser consecuentes con lo que sentimos, con aprender a enfrentar sin juzgar, sin evaluar el dolor de otros-, en otras palabras, el dolor es una oportunidad de crecer como persona.

 

El colocarse cómo un “tapón” para que desaparezca solo, es un error ya que en algún momento la mente pasa la cuenta de la tristeza acumulada que no fue sacada en su oportunidad.

 

Los invito a ver los dolores que todos hemos vivido, a mirarlos sin miedo y a ser valientes para sacarlos. Sentirán un gran alivio.

 

Si sienten que no pueden hacerlo solos, pidan ayuda, pero aprendamos a agradecer lo que hemos sufrido, porque gracias a ello hemos podido crecer. Aprendamos a  “disfrutar” de nuestras “depresiones” porque son una invitación que hace nuestra mente, para mejorar nuestra vida, a cambiar, agradecer lo que hay y no pedir siempre lo que falta, o aliviarnos de cargas de uno que dentro de uno pesan más que afuera.

El experimentar dolor es una situación inevitable en la vida de todo ser humano y no es eterno, todo pasa en el momento justo, para darnos cuenta aunque en ese instante no lo veamos.

 

La posibilidad de ser mejores siempre está, de madurar, de desarrollar fortalezas para que cada día podamos ser más evolucionados e íntegros como seres humanos.

   

Marzo 2003
                                                                   

          

                                                                

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