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Psicología

            

 

  Enfermedad & Estrés
 

 

Enfermarse y dedicar meses -o incluso años- a realizar un tratamiento es una de las situaciones más estresantes que pueda vivir una persona. Ser diagnosticado con una enfermedad crónica (o peligrosa) angustia, debilita y compromete seriamente la economía doméstica. En suma, las enfermedades ocasionan estrés emocional, físico... y financiero!

 Esto no quiere decir que todo se reduce al estrés y que la enfermedad está sólo en nuestra mente. La enfermedad existe y aliviar la pesada carga que representa estar enfermo es una tarea en extremo difícil. Pero podemos lograr progresos combatiendo -con pequeñas acciones- los efectos del estrés resultante.

Estrés emocional: Sentarse y llorar es necesario en algún momento, porque reprimir ese dolor sólo empeorará las cosas. No debemos avergonzarnos de llorar. Tampoco debemos mortificarnos por lo que vivimos: no es culpa nuestra estar enfermos. Podemos, en cambio, fortalecernos emocionalmente y así combatir mejor la enfermedad:

  • Dependiendo de la enfermedad, seguramente perderemos contacto con algunos amigos. Aferrémonos a quienes siguen apoyándonos y agradezcámosles por estar ahí.
  • Participemos de grupos de apoyo con personas que padezcan lo mismo que nosotros. Ellas nos entenderán mejor que nadie. Compartir información con el grupo nos permite comprender mejor aquello que nos está sucediendo y nos ayuda a tomar medidas preventivas para no empeorar. Pero atención, que no sea su "bunker". ¡Usted necesita rodearse también de personas saludables y cambiar de tema!
  • Encontremos tiempo para hacer cosas no relacionadas con la enfermedad. Escribamos en una lista todo aquello que nos gusta hacer y que nos hace feliz: dibujar, sacar fotografías leer, escuchar música, etc... Dediquemos un poco de tiempo todos los días para hacer algo que nos de placer. Desde luego, es muy difícil "pasarla bien" cuando estamos pasando un mal momento, pero encontrar la mínima excusa para disfrutar hace una gran diferencia. Si nos sentimos muy débiles como para salir, podemos mirar películas o leer un libro.
  • Aceptemos el cambio. El miedo al cambio es uno de los principales inductores de estrés. Una enfermedad puede hacernos sentir que no tenemos control alguno sobre nuestra vida.
  • Aprendamos a delegar y a pedir ayuda. Para muchos esto es lo más difícil de hacer: acostumbrados a hacer todo solos, no es fácil ahora depender de alguien. Todos deseamos sentirnos útiles. Aprovechemos el tiempo para hacer aquello que sí podemos, en lugar de lamentarnos por todo aquello que ya no podemos.

Estrés físico: Nuestro cuerpo no es el de antes y estamos llevando una vida totalmente diferente. A nadie le gusta verse enfermo y sin energías. Los sentimientos de pérdida pueden ser abrumadores y nuestro principal objetivo es recuperar nuestro estado físico anterior. Pero lo fundamental, es cuidar nuestro cuerpo aceptando las limitaciones de la enfermedad:

  • Descansemos: no neguemos a nuestro cuerpo el suficiente descanso y reparación. Tal vez antes, dormíamos apenas seis horas y desconocíamos la palabra "siesta". Pero posiblemente ahora, nos veamos obligados a permanecer en cama -o reposando- gran parte del día. No temamos "perder el tiempo": nuestra principal responsabilidad es curarnos, no hay otra prioridad.

Hagamos ejercicios: esto -desde luego- dependerá de cada enfermedad o incapacidad. Pero el mínimo ejercicio puede reducir el estrés. Hay personas que atraviesan períodos de tanta debilidad que apenas pueden levantarse de la cama. Para ellas caminar cien metros es imposible, pero pueden tomar un baño cálido y estirar sus piernas. Este ejercicio seguramente no quemará calorías, pero evitará que los músculos se atrofien y que el cuerpo se sienta débil todo el tiempo. En este sentido, los masajes musculares pueden ser de mucha ayuda. 

Estrés financiero: Los problemas financieros pueden presentarse siempre, independientemente de nuestro estado de salud. Pero "la salud es riqueza": estar enfermo -o incapacitado- es costoso. Tenemos facturas que pagar, medicamentos que comprar, perdemos días de trabajo o, en el peor de los casos, no podemos seguir trabajando y nuestros ingresos se reducen considerablemente.

Atenuar el estrés financiero no significa privarnos de todo (lo único que logramos con eso es elevar el estrés!), sino tomar algunas medidas inteligentes en cuanto a la administración de nuestro dinero:  

  • Detallemos el dinero que ingresa y de dónde proviene. También calculemos el dinero que debemos y hagamos la diferencia entre ambos. Planifiquemos un presupuesto y cortemos los gastos no esenciales para deber menos dinero. Conozcamos nuestro estado financiero para saber a qué atenernos en el futuro.
  • Conversemos con nuestra pareja, o con las personas que convivimos, acerca de nuestra situación y analicemos juntos la realidad económica del hogar. Busquemos el apoyo de quienes tenemos más cerca y trabajemos como un equipo. Seamos honestos con nuestros hijos y comuniquémosles los problemas que enfrentamos. Esta puede ser una buena oportunidad para enseñarles el valor del dinero, la manera de ahorrarlo y gastarlo inteligentemente.
  • Solicitemos toda la ayuda financiera a la que podamos acceder: del gobierno, de nuestro seguro de salud, de fundaciones u organizaciones no gubernamentales, de sindicatos, de instituciones financieras y de empresas.
  • Pensemos otras formas de obtener mayor liquidez. ¿Hay algo que podamos vender? ¿Tenemos un lugar de la casa que podamos alquilar?

Lo más importante, para atenuar los efectos del estrés que produce estar enfermos, es cuidarnos bien. Por paradójico que suene, cuando estamos enfermos olvidamos "cuidarnos". Nos centramos en curar la enfermedad y no en mejorar nuestra calidad de vida. No permitamos que la enfermedad defina quiénes somos: enfrentemos sus desafíos y vivamos la mejor vida que seamos capaces de alcanzar.

Julio 2004

                                                                

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