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El lado difícil y dañino es cuando se cae en el sometimiento, o en la manipulación. Y esto sucede porque ambos se lo permiten, solo que cuando van a reaccionar puede ser muy tarde porque la relación se ha viciado o se ha distorsionado.
A mi consulta llegan muchas personas, especialmente mujeres, que tienen serios conflictos, internos y externos, con su pareja. En un estado de insatisfacción porque no se han cumplido las expectativas que tenia, o porque su compañero(a) ha cambiado tanto que ya casi no lo reconoce, aunque nunca se haya separado. Personas que viven bajo el mismo techo, comen en la misma mesa y duermen en la misma cama, y sin embargo sus corazones están tan lejanos que parece que se olvidaron el uno del otro. Se han convertido en dos seres extraños “compartiendo” una vida. La ironía es que hasta el más desconocido tiene un mayor grado de apertura, sensibilidad y comprensión que la propia pareja.
Sería interesante preguntarse si desde el inicio del compromiso he asumido una actitud pasiva, donde me he adaptado al carácter, a las condiciones y a la situación del otro, disfrazando este “acomodamiento” bajo la máscara del amor incondicional.
¿Cuánto he permitido que esto sea así? ¿Cuánto he aceptado que el otro haga conmigo lo que quiera, solo porque tengo miedo a perderlo, o a quedarme solo, o a dejar de ser querido? ¿Me he pasado la vida viviendo el sueño de mi pareja o ella viviendo el mío? ¿He actuado con plena autonomía y libertad, o he condicionado mi vida a la vida de ese ser que vive conmigo? ¿Cuánto de todo lo que yo había querido realizar lo he logrado por mi propia cuenta? ¿Cuánto he conseguido a expensas de mi pareja? ¿Me he convertido en un ser dependiente? ¿Y en que, o de qué, soy dependiente? ¿Porqué y para qué me uní a esta persona? ¿Tenía claros mis objetivos? ¿Acaso los tengo claros ahora?
Todas estas, y muchas más preguntas comienzan a surgir cuando me detengo un poco a reflexionar cómo ha sido mi vida, cuán satisfecho estoy con ella y que papel ha jugado mi pareja en mi realización personal. Sólo desde un espacio de transparencia y sinceridad interior podemos responder todas las preguntas que nos surjan y replantear nuestra vida, llegando a acuerdos con aquella persona que elegí (¿?) como pareja.
¿Te elegí o me elegiste?
Hasta pronto
Fernando
Giraldo
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