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EDUCANDO
A NUESTROS HIJOS
Psicóloga: Andrea Carmona K.
Para educar a nuestros hijos, es
importante que los mensajes sean claros, comprensibles y directos,
de lo contrario el niño no sentirá la necesidad de cumplir con lo
requerido.
La personalidad que ejerce la
autoridad no debe incurrir en ser: Insegura ni agresiva.
Ante situaciones conflictivas los padres deben desarrollar la
asertividad: decir lo que se piensa y saber decir
que no. Saber mantener una actitud flexible y firme a la vez.
En el trasfondo del mensaje que
dirijamos la lectura es la siguiente:
“ Te queremos demasiado como para
dejar que te portes así”. “ “Tu problema
de comportamiento debe terminar y
estoy dispuesto a hacer lo necesario para que te des cuenta de que hablo
en serio “.
Como una forma de enfrentar estas
dificultades es importante desarrollar tres capacidades claves en el
ejercicio de la autoridad:
Hablar claro: Significa la forma más
convincente de expresarse para asegurarse que sus hijos lo escuchen,
usando palabras claras y un tono de voz seguro y acorde con lo que se
está diciendo.
Respaldar las palabras con hechos: para
los niños, los hechos valen más que mil palabras. Porque les demuestra
que tú no te limitas sólo a hablar, sino que ejecutas las acciones
correctivas cuando es necesario.
Establecer reglas del juego:
Si desde un comienzo se han establecido las reglas del juego los niños
sabrán que determinada conducta inapropiada tiene una respuesta específica
por parte de los padres.
LO
QUE NO SE DEBE HACER
Muchas veces el modo de responder de
los padres ante situaciones que los sacan de sus casillas, es ineficaz.
Se trata de respuestas ante los hijos Inseguras o Hostiles y
Agresivas.
A)
Respuestas Inseguras
Las respuestas inseguras son aquellas
que no le transmiten al hijo en forma precisa, comprensible y firme lo
que se espera que el niño haga. Cuando los padres responden así, le
transmiten al hijo que carecen de la fortaleza requerida para
corregirlos.
Afirmación
inefectiva:
Ejemplo: “ Te pedí que ordenaras
tu pieza y todavía no lo haces “
( El niño sigue sin cumplir el
pedido de su madre, ante lo cual ella repite frustrada)
“ ¡ Tú no me haces caso! “
Decirles solamente lo que están
haciendo mal constituye un mensaje incompleto, porque no transmite en
forma clara lo que tú realmente quieres que hagan y cuándo deben
hacerlo.
Las quejas de la madre después de
dar una orden, además diluyen y le quitan fuerza a su instrucción.
Preguntas
Ejemplo: ¿ Por qué
te portas mal conmigo? o ¿Por qué no me haces caso?
Estas preguntas difícilmente van a
funcionar porque los hijos no van explicar el motivo de su mal
comportamiento o la razón por la cual no le hacen caso.
Ante preguntas como esta el niño se
va a limitar a encogerse de hombros, indicando que no saben por qué se
portan mal.
Otros ejemplos:
El hijo se va a jugar sin haber
terminado sus tareas:
“ Hasta más rato mamá “
Madre exasperada: “¿ Cuántas
veces te tengo que decir que termines tus tareas?“
La pregunta de la madre es insegura
porque solo transmite su enojo, pero sin expresar su autoridad.
Obviamente ella no espera que su hijo le conteste:
“ necesito que me lo digas 9
veces”
Niño ( después de romper una
ventana de un pelotazo): “ Papá, se rompió el vidrio”
Padre enojado: “¿Te das cuenta de
lo que vale un vidrio nuevo?“
Es claro que el padre no espera que
el niño le informe acerca del precio de un vidrio.
Ruego:
Madre : “
Anda a acostarte “
Hijo: “
No tengo sueño”-
Madre : “
Es tarde y yo estoy cansada. Por favor, anda a acostarte “
Hijo : “
Pero no estoy cansado “
Madre : “
Pero yo sí, por favor anda a dormir “
Cuando los
padres ruegan, le están pidiendo a los hijos que les tengan compasión.
El ruego al niño, pidiéndole que sea comprensivo y se apiade del
adulto, transmite una imagen paterna de fragilidad y debilidad que
inducen a la desobediencia y a la desvalorización.
De este
modo pierde su prestigio y autoridad y no se muestra como un modelo
atrayente para ser imitado.
Ignorar
la desobediencia
Esto
significa darle una orden al hijo y después hacerse el desentendido si
el hijo no la obedeció. Es como transmitirles: “ tengo que darte esta
orden, pero si no me haces caso, no te preocupes porque no te pasará
nada “. Es vital verificar que las órdenes se cumplan.
Estados interiores
Cuando en la comunicación, tanto
explícita como implícita, damos a entender al niño nuestro propio
descontrol, rabia y frustración, impulsando a nuestro hijo a una mayor
rebeldía y desobediencia. Por ejemplo un “ ¡ Me vuelves loca! “.
RESPUESTAS HOSTILES O AGRESIVAS
Es
una forma improductiva y hasta peligrosa de actuar porque no logra que
un hijo entienda las razones por las cuales no debe portarse bien. Además
esta forma no considera las necesidades y sentimientos de los niños.
La
respuesta hostil o agresiva de los padres aleja al hijo porque lo hace
sentirse rechazado.
Formas de Disminuirlos
Las
formas verbales que disminuyen a los hijos, transmiten una hostilidad o
agresión por parte de los padres, que representan una mezcla equivocada
de autoritarismo y exasperación. Actitudes como éstas pueden llevar
inicialmente a la sumisión y luego a la rebeldía.
“
Eres un desastre “. “ Me vuelves loco ( a) “. “ Irresponsable y
flojo “.
Amenazas sin contenido
Ante
las amenazas sin contenido, la mayoría de los niños aprenden a una
edad temprana que no deben tomarlas en serio, ya que son el arma de los
padres débiles, y además porque terminan por no cumplirse. Los niños
aprenden a no darle importancia a mensajes de este tipo y siguen portándose
como les parece.
Es
importante señalar además que mientras más hostil y más grite a los
hijos más inefectivo será. Los gritos le informan claramente que tú
haz perdido el control de ti misma y de la situación y que él en
cambio, ha ganado terreno.
“¡
Ya te las vas a ver!” ( “Voy a ver qué...”)
“¡
Me las vas a pagar !” (“¿Pagar cuánto...?)
Penitencias excesivas
Frecuentemente
a los padres “se les pasa la mano” al castigar a sus hijos.
Cuando
se dan cuenta de que la sanción es excesiva, muchas veces tienen que
dar marcha atrás, lo cual también le da al niño un mensaje de
debilidad e inconsistencia paterna y por lo tanto de que dichos castigos
no se tienen que tomar necesariamente en serio. El castigo debe tener un
comienzo y un final.
Agresión física
Normalmente
la agresión física puede ser una explosión paterna no meditada, con
un efecto negativo sobre la educación del niño, que lo hace sentirse
rechazado. Además, le demuestra al niño de que su padre es incapaz de
autocontrolarse y medirse, dando pie para que el niño imite esto a
futuro y sea un niño desmedido y descontrolado. Por último, la agresión
física mata la relación de confianza y seguridad entre padres e hijos.
Este
es un extracto del libro “Ternura y Firmeza con los hijos “ de
Alexander Lyford-Pike, de
Ediciones Universidad Católica.
Si quieres saber de un tema en particular envíame un email.
Andrea Carmona K.
Psicóloga
julio 2002
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