|
|
|
Cada
cual puede ser como sea capaz de verse a sí mismo “Yo mismo, en el momento de decir que todo cambia, ya he cambiado” (Séneca). Hace falta pararse y reflexionar para descubrir y aceptar lo que más nos gusta de nosotros mismos y lo que menos nos gusta. Yo seré lo que decida ser. Debo trabajar intensamente en la aceptación de mí mismo. Lo mismo que hemos aprendido una conducta, la podemos desaprender. El sentido de fugacidad que tiene la existencia humana no tiene que hundirnos en el derrotismo pesimista, sino alentarnos en el optimismo fundamental de que siempre es posible crecer como personas. Podemos crecer en sabiduría y conocimiento; siempre es posible amar un poquito más y hacer más felices a cuantos nos rodean. Nadie puede decir que lo ha hecho todo: El hombre es siempre el mismo, pero nunca lo mismo. Esto supone no etiquetar al prójimo de dejarle anclado en su pasado como si el cambio no fuera posible (no mantener juicios negativos contra los demás: “No te fíes de esa persona, lo conocí hace 10 años y te puedo asegurar que es un tramposo”. La frase “No se puede hacer nada” supone cerrar las puertas a la esperanza. Todo ser humano está llamado al perfeccionamiento. Hay que armarse de objetividad y sinceridad y mantener una animada charla con uno mismo sobre lo que nos gusta o disgusta más de nuestra persona. Pensemos
y actuemos con alegría y nos sentiremos alegres. Lee
esta historia complementaria: A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: “Señor dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho”. Ahora que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: “Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo”. Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida. Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo. Nuestra paz interior y nuestra alegría dependen no de dónde estamos, qué tenemos o qué somos, sino únicamente de nuestra actitud mental. Las condiciones exteriores tienen que ver con esto muy poco: Si cultivamos pensamientos creadores de valor y serenidad, podemos disfrutar de un paisaje sentados en nuestro ataúd y camino del patíbulo o podemos entonar vibrantes y alegres canciones en los momentos en que morimos de hambre y de frío. Un hombre no es herido tanto por lo que sucede, cuanto por su opinión de lo que sucede, y la opinión de lo que sucede es cosa enteramente nuestra. Una persona sólo puede prosperar, conquistar y alcanzar sus metas elevando sus pensamientos. Yo mismo puede llegar hasta donde me lo proponga. Mis acciones regulan mis reacciones y éstas mis emociones. Gran parte de lo que denominamos Mal... puede ser convertido muchas veces en un bien amplio con sólo el cambio interior, de una actitud de miedo a otra de lucha. ¡Luchemos por nuestra Felicidad! Debemos
ocuparnos de nuestros problemas, no preocuparnos (esto sería dar
vueltas enloquecedoras e inútiles a un asunto).
Mayo 2004 |
|
|
|
mundo mujer ® Todos los derechos reservados. 2001