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Detrás de todo problema real siempre hay una solución, cuando los problemas no son reales es porque no tienen solución. Algo que ni siquiera existe nos arrollará con la energía que nosotros mismos le damos. Ese algo es producto de nuestra imaginación y de nuestros miedos. Somos enemigos de nosotros mismos cuando no comprendemos la realidad. Cuando la percibimos como problema. La vida es un misterio, una aventura maravillosa y sin embargo la inmensa mayoría la percibe como un problema envuelto en fatalidad. No es casualidad tanto drama, tensión y violencia. Nada más triste que una vida no vivida por temor al fracaso, por no creer en nosotros mismos.
El placer de vivir surge de nuestra certeza que nos brinda la aceptación de nuestro ser manifestándose con todo su potencial en todo momento. Las personas que son felices lo saben, su bienestar surge de su amor a la vida y de la comprensión de saberse únicas e irrepetibles.
El miedo y la incertidumbre generan desconfianza y violencia porque surgen de la ignorancia de nosotros mismos. Tenemos miedo de aceptarnos porque ni siquiera nos conocemos. Una persona feliz, es feliz porque sabe lo que quiere, porque se conoce a sí misma y está dando su mejor esfuerzo para lograr sus sueños. Los problemas y los obstáculos no le afectarán porque sabe muy bien que forman parte de su existencia. Porque sabe bien que lo importante no es lo que vive, que lo verdaderamente trascendente es cómo lo vive. Fluye con su existencia, no se le resiste...
Cuando una persona se conoce a si misma, puede testimoniar una y otra vez el milagro de la vida y reconocer con la certeza que emana del amor su misión, su vocación y destino. Ya no pierde el tiempo en lamentaciones inútiles que de nada sirven. Ocupa sus días en dar lo mejor de sí misma a todo y a todos porque sabe bien que la expresión más elevada de su amor es el servicio. Porque no espera ninguna recompensa por ser quien es, por hacer lo que hace o a cambio de lo que da, le queda muy claro que lo que no se da, se pierde.
Desde lejos les puedes reconocer..., en su sonrisa te lo dicen todo. Son quienes a su paso procuran desde la sencillez de su alma el bienestar del resto. Su vida no es fácil y por ello crecen. Hablan poco y hacen mucho. En todo momento reflejan bienestar y no se quejan de nada. Son y dejan ser al resto tal y como son. Triunfar en la vida no significa alcanzar riqueza o poder.
El verdadero triunfador es aquel que conquista su bienestar y paz interna. Es quien intuye en todo momento la presencia de su creador y que siempre está listo para elevar su vuelo aún con el viento en contra.
diciembre 2003 |
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