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Daño y pérdida
(6ª
parte)
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Tal
vez la pérdida más difícil de aceptar entre
todas es la que nos obliga a mirar el interior de nosotros mismos,
para descubrir que tenemos deficiencias en aspectos que nunca hemos
admitido ante nadie y muy especialmente, ante nosotros mismos. Al
mismo tiempo, no obstante, nos abre el camino para la forma más
importante de crecimiento que nos lleva hacia la realidad.
¿Qué
debemos hacer cuando hemos sido heridos? Si alguien hiere nuestros
sentimientos o nos causa dolor, debemos expresar ese dolor a esa
persona en forma tan directa y sincera como sea posible. La forma
más sencilla consiste en decir "Me heriste en mis sentimientos
cuando hiciste tal o cual cosa". |
Este procedimiento puede no producir indefectiblemente los resultados
que buscamos, pero el hacer que la otra persona sepa que nos ha herido
es la mejor manera de restablecer el equilibrio de nuestros propios sentimientos.
Sentirnos heridos desgasta nuestras energías. Podemos compensar
este desgaste dirigiendo nuestros sentimientos negativos fuera de nosotros
mismos, descargándonos de los sentimientos heridos, o bien expresando
en términos apropiados nuestro enojo frente a quien lo provocó.
Dejemos
que nuestra herida sea problema de la otra persona, si ella la provocó.
La otra persona podrá intentar señalarnos de qué
manera nosotros mismos nos pusimos en posición de ser heridos,
o bien evitar aceptar culpa alguna, utilizando otros argumentos. Por nuestra
parte, no dejemos de hacer saber de nuestra herida a la persona que nos
hirió. Ello no significa que no debamos escuchar las explicaciones
que nos de, pero no debemos dejar que ellas se interpongan entre la expresión
de nuestro dolor v enojo. Analicemos, entonces, los juicios del otro en
busca de elementos de verdad. Tal vez nosotros lo indujimos a herirnos.
Si es así, es importante saberlo.
La
importancia de tomar contacto con el dolor y el placer de la vida, con
nuestros sentimientos y experiencia en su existencia real, es lo que nos
confiere libertad para hacer la más realista y positiva adaptación
posible al mundo
Nuestros
sentimientos deben fluir naturalmente
Necesitamos resolver problemas cuando se presentan en forma directa y
sincera. Si no logramos aprender algo acerca de nosotros mismos cuando
nos hieren, habremos perdido una oportunidad de crecer o de cambiar en
cuanto a nuestra manera de encarar el mundo, así como de verificar
la validez de nuestras expectativas Las expectativas determinan de qué
manera contemplamos por anticipado al mundo. Por esta razón nuestras
expectativas son fuentes potenciales de heridas.
Expectativas.
La vida que está llena de ellas está también, por
lo general llena de desilusiones. Las vidas más llenas de desesperación
son las vidas cuyas expectativas carecen en mayor grado de realidad. Esperar
que los demás sean siempre amables y actúen en beneficio
de nuestros propios intereses, aun a expensas de los de ellos, o suponer
que otros quieren escuchar nuestra historia melancólica o disfrutar
de nuestra compañía cuando nos mostramos cargosos o cansadores,
es otra forma de decir que esperamos que los demás actúen
en su propia vida conforme con nuestras propias esperanzas en lugar de
hacerlo sobre la base de su propia experiencia y sentimientos.
El
prójimo tiende a cuidar sus propios intereses. Si creemos lo contrario,
pecamos de poco realistas y nos colocamos sin necesidad en la posición
de ser heridos. Los demás no están en este mundo para servirnos
ni para compensar las pérdidas y malos negocios que puedan habernos
afectado. Los otros están en el mundo para hallar su propio camino
lo mejor que puedan. Toda expectativa poco realista en cuanto a su conducta
tendrá como consecuencia que sientan que hacemos uso de ellos,
o que los tratamos como objetos carentes de sentimientos o de derechos
propios.
En
resumen, diré que perder algo importante hiere. Hiere más
aún fingir que no es así. Esperar más de lo que puede
ofrecemos la realidad sólo nos coloca en posición para que
se nos hiera intensamente y sin necesidad.
Libro:
El lenguaje de los sentimientos
David
Viscott
Abril 2004
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