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Una vez que los otros lo hacen, reaccionan ante ello sintiéndose profundamente heridos. Se logra así que la parte "causante de la herida" que se encuentra atrapada en la red se sienta culpable, lo cual la lleva a mostrarse enojada con la persona a quien ha "herido". El enojo lo confunde, le hace sentirse más culpable, ya que le resulta difícil ver a la "victima" como el agresor que es en realidad. Su sentimiento de culpa pasa a controlarlo, hasta la próxima vez que se repita el proceso. Nunca es posible actuar con éxito frente a estos individuos. Con frecuencia crean una situación en la cual no hacer nada parece equivalente a permitirles que se destruyan a sí mismos. Por otra parte, si respondemos a su condición indefensa, se sienten heridos y afirman que nos inmiscuimos, imponemos nuestra propia voluntad o los despojamos de sus derechos. Si, por el contrario, no prestamos nuestra ayuda, ello se interpreta como prueba de que no nos importa de ellos. Estas personas se aterran habitualmente a su sentimiento de "ultraje" hasta pasado el momento y esperan la ocasión más propicia para atacamos por nuestra conducta negligente. La mejor manera de encarar el problema es señalarles, simplemente, que nos han puesto en situación de herirlos, y que estamos enojados con ellos por habernos manipulado. Es esencial aquí no aguardar tanto tiempo como ellos en abordar el tema. Debemos decírselo tan pronto como advirtamos nuestros propios sentimientos. En materia de sentimientos, la oportunidad en cuanto al tiempo es sumamente importante. Los problemas que tenga una persona en el manejo de sus sentimientos heridos son en general característicos de sus otros problemas en la vida. Las personas incapaces de expresar sus sentimientos heridos suelen verse atrapadas por defensas que controlan sus reacciones. Toda herida a la cual no se le da expresión deja algún dolor dentro. El dolor involucra energía negativa. Cuando este dolor es guardado, desgasta la energía positiva, que se utiliza entonces para equilibrarlo y contenerlo. La vida parece menos dichosa. Los pensamientos y sentimientos carecen de libertad. La concentración y la productividad disminuyen. Cuando el dolor causado por una herida se acumula, continúa buscando expresión, pero las defensas impiden que lo haga en forma directa. Los sentimientos negativos que persisten pueden unirse a otros sentimientos negativos o bien teñir nuestra percepción de tal manera que hallamos motivos para sentirnos heridos frente a casi todo lo que nos rodea en el mundo. La herida negada exige que se la sienta en otra parte. Cuando, por ejemplo, recibimos un regalo, podemos ver en él un soborno, más bien que un acto de generosidad. Estamos siempre en actitud suspicaz, imaginando móviles ulteriores ocultos, cuando en realidad no existen. La mejor manera de superar esta situación es tratar de identificar la causa original de la herida y sufrir y lamentar la pérdida inicial que la provocó. Nada resuelve mejor una pérdida que sufrir y llorarla como es debido. No resulta fácil localizar las pérdidas cuando constantemente proyectamos nuestros sentimientos heridos en lugar de reconocerlos. En el caso de otra persona que actúa de este modo, lo mejor que cabe hacer es señalarle los sentimientos que nos parecen irracionales y tratar de inducirla a atenerse a los hechos. Libro: El lenguaje de los sentimientos David
Viscott
Marzo 2004 |
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