| El Sendero (Capítulo
II - 2ª parte)
NOTA DEL EDITOR - Seminario impartido en
la ciudad de Méjico por el Dr. Jorge Carvajal Posada.
Mi palabra no tiene absolutamente ningún
sentido sin tus oídos. La fuerza de mi palabra no tendría
ningún sentido sin el instrumento de vuestros cuerpos.
Es entre todos que construimos esa sinfonía, y cuando
esa sinfonía toca en cada quien la nota única
del corazón, en ese momento despertamos al ser que
somos. Y ya no es posible la ilusión, en ese momento
yo digo yo soy el que soy, cuando yo descubro al que es en
mí, automáticamente se desvanece el velo de
la ilusión.
Pero, ¿cómo vamos a descubrir
ese ser que somos?, ¿Cuál es nuestra función
esencial en el sendero?, El sendero es un camino de sanación,
el sendero es un camino de comunión, el sendero es
un camino de conectividad, el sendero es un camino a través
del cual vamos tejiendo el plan de la creación sobre
un nuevo timbre que ya existe y es la Ley de la Naturaleza.
El sendero es construir nuestra telaraña,
pero la araña no construye su telaraña con algo
externo, sino con sonidos de su propio cuerpo, de la química
de su propio cuerpo, de la propia conciencia. Pues bien, la
telaraña vamos construyendo, el hemicentro de nuestro
sendero interior, de nuestro camino, brota de nuestro corazón.
El sendero es el arte de que las manos sean una expresión
del corazón. Y la palabra una expresión del
corazón, y el sexo una expresión del corazón.
Y la vida individual permanente de la fusión en la
que tu llegas a mí, y nunca te puedes ir más
pobre de lo que llegaste, siempre puedes salir enriquecido.
El sendero es el arte de rescatar la posibilidad de la comunicación
desde el centro, pero el sendero lo tienes delante al despertar,
es revelar el mundo de la ilusión.
El mundo de la ilusión, frecuentemente
es el mundo de la enfermedad también, la mayoría
de nuestras enfermedades vienen por una falsa identidad. Nosotros
creemos que las enfermedades vienen del cuerpo, pero el cuerpo
es el instrumento, es el espejo en el que yo me miro, y por
más que yo limpie el espejo en el que me miro, no voy
a poder mejorar mi imagen. Esa imagen no es el espejo ni está
en el espejo, esa imagen está delante y está
detrás del espejo, y es el reflejo que yo estoy obteniendo
desde ese espejo, pero yo tengo que mejorar al que se mira
en el espejo, no al espejo. Por más que trabajemos
en el cuerpo no vamos a transformarlo el cuerpo es necesario,
es el instrumento para manifestar la conciencia, pero es apenas
el instrumento de la conciencia, no es la conciencia. El cuerpo
es el canal de la conciencia y nuestra medicina va a ser la
medicina de la conciencia. Y esa medicina de la conciencia
es una medicina del despertar a la vida. Esa medicina del
despertar a la vida es una medicina para despertar al ser
que somos. Pero despertar al ser que somos no es tan simple,
porque estamos tan confundidos, confundiendo el ser con el
poseer y confundiéndonos con lo que no somos, que allí
está nuestra trampa mortal.
Nosotros creemos que una cosa es verde porque
la vemos verde, pero cuando Uds. ven el verde eso es todo
menos el verde porque el verde es lo único que no es,
es el color que se está reflejando. Cuando yo te miro
estoy mirando tu reflejo, estoy mirando tu apariencia, estoy
mirando tu máscara. Persona viene de máscara,
pero no te estoy viendo a ti. Que bello momento en que, más
allá de tus arrugas, de tu color, de tu altura, de
tu edad, de tu piel yo viera determinada en ti, la esencia
en ti, el Alma en ti, la cualidad en ti, el Maestro que hay
en tu interior, aquel ser frente al cual yo puedo reverenciar
a Dios. Cuando yo te miro a ti, o miro un árbol, o
miro una flor y lo miro desde la cualidad no puedo menos que
ver a Dios en su danza infinita, no puedo menos que ver a
Dios en ti. No hay que buscarlo en el Templo, en la Iglesia
ni en las Sagradas Escrituras, está ahí vivo
danzando en ti, sonriendo en ti y llorando en ti.
Jorge Carvajal Posada
Abril 2008
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