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El Sendero (parte 5)

NOTA DEL EDITOR - Seminario impartido en la ciudad de Méjico por el Dr. Jorge Carvajal Posada.

Renacimos a esa visión de lo trascendental mucho más cerca del corazón en nosotros, y que eso dio lugar a la expansión de la música y a la expansión de la pintura y al arte sagrado de la humanidad. A ese arte milenario que aún no se extingue en nuestra civilización porque tiene la validez de las cosas que están cerca del corazón humano. Pero si continuamos ese proceso de descenso en la evolución nos encontramos con el Universo positivista, con el Tao de la física, con el hombre que empieza a descubrir a Dios en la molécula, con el hombre que empieza a descubrir la música de los electrones y empieza a descubrir a Dios en el microcosmos y lo trascendente dentro de lo inmanente y empieza a encontrar las Leyes de la Creación inmersas en el fondo de la materia.

Pero posteriormente nos damos cuenta que esa es una visión limitada. Que estábamos arriba o abajo, que no éramos sólo un cuerpo, y electrones y moléculas y huesos y sistemas fisiológicos para que nos repartiéramos entre los especialistas, sino que nosotros teníamos un cuerpo en el cuerpo. Teníamos un cuerpo en la totalidad de nuestras funciones, tenemos un cuerpo en la mente, tenemos un cuerpo en el alma, en el espíritu, en la creación y empezamos a través de la misma Física y de la Cuántica a descubrir paradojas que antes cuando nos identificábamos con la materia, no comprendíamos.

Y esas paradojas están en todo, todo está en todo, y el láser nos demuestra a través del holograma que cada parte es un micro Universo, que cada parte es un reflejo de la totalidad y del conjunto. Y la misma física nos empieza a demostrar la sincronicidad que ya adivinábamos en el plano de la psicología, en el plano del comportamiento humano. Y nos empieza a describir esa telepatía real y permanente que existe entre todas las cosas que están implicadas, y nos empieza a revelar que las partículas no existen, que ni siquiera existe el campo, que lo que existe son procesos y patrones de relaciones. Que yo soy lo que soy, el electrón, porque hay un protón porque hay un neutrón y porque hay otros electrones. Que yo soy lo que soy, el padre porque hay un hijo, que yo soy la madre porque soy fecundo o fecunda. Que yo soy todo, es decir, que yo soy, y ese yo soy es conciencia.

Y súbitamente en la era postmoderna, empezamos en medio del caos a descubrir el orden. Encontramos que caos no es el caos, que hay un arquetipo implícito del orden en el centro de todo caos. Que el caos tiene una geometría fragtal, que el caos es iterativo, que es reiterativo, que son imágenes de imágenes que se multiplican en patrones de organización que van hasta el infinito y que en medio del caos, ese caos en el que nos encontramos actualmente, existe la esperanza de un nuevo orden. No es un barniz del orden antiguo, no es una pintura, no es una copia, es algo nuevo, es un orden nuevo, no es el orden de los Atlantes, no es el orden de la civilización Inca, o la Azteca o la Maya, es el orden nuestro, el de la civilización Aria. El del hombre en la civilización de Síntesis. Es el orden de la Conciencia, Ciencia Interior de Si.

Es a eso a lo que nosotros asistimos, a veces acongojados, a veces adoloridos, a veces en reacción de fuga o en reacción de desafío, pero en esa alquimia infinita, en ese frente de onda de la evolución en que el místico y el científico se unen en el corazón para descubrir el hombre que ya no es Oriente u Occidente, Norte o Sur, sino el hombre del Centro, y encontrar nuestra humanidad en el corazón. Es en esta síntesis, esa es la semilla que estamos plantando, es la semilla que está plantando nuestra civilización.

Nuestra velocidad en la comunicación, en la información, en el aprendizaje, en la atención es tan infinita, se ha acelerado tanto nuestra velocidad, que nosotros como seres humanos en un año vivimos lo que antes era imposible vivir en 10 vidas. Nosotros podemos estar en la China o en Japón, en el corazón, en el órgano estelar de las estrellas, podemos estar en la conciencia transpersonal, podemos morir y renacer tantas veces en la misma vida que nuestra vida se ha hecho un continum, que hemos alcanzado la máxima velocidad, y la máxima velocidad nos la da la máxima quietud.

 


Jorge Carvajal Posada

Junio 2007


 
 
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