Extracto del libro "Droga y Alcohol. Enfermedad de los Sentimientos", Editorial Mercurio- Aguilar. Escrito por Raul Schilkrut y Maite Armendáriz. (continuación)

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Bases científicas de la prevención

Todo estudio serio del impacto de la droga plantea con más énfasis la necesidad de contar con planes y programas de prevención sistemáticos y eficientes. Poco a poco las empresas chilenas están tomando conciencia de ello. Según fuentes de la Asociación Chilena de Seguridad, unas 50 compañías están implementando programas de prevención y apoyan a los trabajadores que se requieren rehabilitar .
Pareciera que la mala imagen que asustaba en el pasado su implementación pierde consistencia frente al considerable ahorro en los costos de primas por seguro o accidentes, reducción de pérdidas por ausentismo, robo o fraude y menos accidentes y medidas disciplinarias que se les suman a los beneficios de mediano y largo plazo asociados a tener a trabajadores más informados y contar con un mejor clima organizacional.

El Nacional Institute od Drug Abuse de los Estados Unidos (NIDA), después de 25 años de investigación científica, ha identificado las características que debe reunir un programa de prevención para ser efectivo.

1. Dos son los objetivos que debe perseguir un programa de prevención: retardar la edad en la que los jóvenes comienzan a consumir alcohol y evitar que lleguen a probar drogas.

2. La información que entreguen estos programas acerca de las sustancias de abuso tiene que ser objetiva, científica y actualizada. Especial importancia revisten los conocimientos que se aporten acerca del alcohol y de la marihuana. Es imprescindible mostrar con claridad de qué manera el consumo de alcohol en un niño o en un joven es muy diferente al consumo social de un adulto, tanto en relación con la responsabilidad con que se bebe como a su efecto en un cerebro en plena maduración. Respecto de la marihuana, la información debe destruir el mito de su inocuidad y mostrar cómo es una droga altamente adictiva que se une a receptores específicos en el sistema nervioso central y afecta sensiblemente la personalidad, el estado de ánimo y los rendimientos intelectuales de quien la consume.

3. Los programas de prevención deben incluir contenidos que al estimular el desarrollo de habilidades y actitudes actúan como factores protectores que permiten a la persona estar en condiciones de rechazar la oferta social de sustancias. Entre estas capacidades pueden señalarse el desarrollo de la autoestima, la capacidad de expresarse y comunicar sentimientos y emociones, las habilidades para resistir las presiones de grupos y la implementación de conductas alternativas al consumo de sustancias químicas.

4. Los programas deben desarrollarse en los lugares mismos donde conviven las personas en riesgo: recintos de trabajo y empresas, colegios y universidades, comunidad organizada. En estas instituciones se debe trabajar en forma sistemática y persistente, ya que se sabe que acciones aisladas, aunque espectaculares, son inoperantes. El complemento a la actitud comprometida y responsable de los padres es que el colegio cuente con programas de prevención sistemáticos y efectivos. En la adolescencia es fundamental la interacción del hogar y del colegio. Muy importante es la coordinación de los padres para aclarar las formas de diversión de sus hijos, en especial los horarios y la edad en que permitirán que consuman alcohol. Como se ha señalado, su uso temprano predice el paso posterior a la marihuana y ésta predice el consumo de otras drogas ilícitas.

Es ideal que los programas de prevención escolares se inicien lo antes posible. Hay experiencias que comienzan con los niños del jardín infantil, enseñándoles principios básicos del autocuidado y de la salud y que continúan en la escuela básica con el desarrollo de capacidades integrales que les permitirán resistir los ofrecimientos de sus pares. Dos o tres años antes del posible contacto con las sustancias se agregan contenidos específicos acerca del cigarrillo, alcohol y droga, sus mitos y sus efectos negativos que tendrán en el desarrollo de sus vidas.

5. La prevención es más efectiva cuanto más actores incluya. Por ejemplo, los programas más eficientes de prevención a nivel escolar son los que comprometen a los alumnos, a los profesores y a los padres. A nivel de empresas son más exitosos los que hacen participar a los trabajadores y sus familias, a los supervisores y a los ejecutivos. El programa para estos actores decisivos en la prevención debe incluir información clara sobre los riesgos del consumo, capacitación en detectar uso de alcohol o droga en un hijo, un alumno o un subordinado y habilidad para superar los fenómenos de codependencia. En definitiva, ser capaz de tomar iniciativas específicas para ayudar al afectado. En el caso de los padres, un buen programa de prevención debe proporcionarles entrenamiento específico en su capacidad de comunicarse con los hijos y establecer límites y disciplina.

Una de las dinámicas sociales más importantes en la extensión del consumo de drogas es la creencia errada de que las estrategias de prevención y de tratamiento carecen de rendimiento y que se haga lo que se haga la situación es incontrolable. La experiencia internacional es la opuesta. La investigación es concluyente en demostrar que la prevención realizada en base a programas que incorporan los conocimientos de las neurociencias y de las ciencias del comportamiento, si bien no consiguen evitar absolutamente el problema, permiten reducirlo y mantenerlo en niveles manejables.

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