Extracto
del libro "Droga y Alcohol. Enfermedad de los Sentimientos",
Editorial Mercurio- Aguilar. Escrito por Raul Schilkrut
y Maite Armendáriz. (continuación)
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La
decisión final
Hay
un momento en que finalmente el niño tomará
la decisión. Es sólo él quien accederá
a probar o alejarse de la droga. Puede ocurrir en una simple
“junta” entre compañeros de colegio, en una fogata
en la playa o en la misma casa cuando un hermano llega con
la novedad: “Mira lo que tengo”. No sucede necesariamente
en locales camuflados, con participación de traficantes
o en poblaciones inundadas de este comercio. La primera
vez suele darse en ambientes cercanos, para nada sórdidos
o extravagantes, ni con compañías especiales.
Ante la oferta, el joven debe contestar de inmediato. No
tiene tiempo para consultar a nadie. Lo que desearían
sus padres es que en ese instante su hijo tuviese el valor
para decir “no”. Eso es lo que esperan de la prevención.
Pero para que pueda negarse tiene que conjugarse en él
distintas fortalezas. Por una parte necesita disponer de
la información adecuada. Si no ha internalizado que
la marihuana es negativa para su desarrollo, por qué
debería negarse a probarla. Si en su familia se abusa
del alcohol, qué le hará abstenerse de no
tomar él también más de la cuenta o
probar otra sustancia química. Este factor corresponde
al componente educativo de la prevención.
Psicológicamente el ofrecimiento equivale a una presión
de los pares: “Ya varios probaron el pito, atrévete
tú”. Si el joven se niega, le insistirán,
se burlarán de él o lo amenazarán.
Un buen nivel de autoestima es la condición indispensable
para poder decir que no. Cuando el joven no ha alcanzado
un grado adecuado de confianza en sí mismo busca
ser aceptado por el grupo y puede tolerar y participar en
cualquier conducta que se le proponga, por descabellada
que ésta sea. En esto reside el componente psicológico
o emocional de la prevención.
La decisión de probar o no la droga es al final de
cuentas una conducta ética o valórica. En
los últimos años diversos autores han hablado
de una inteligencia espiritual que es la capacidad de captar
con mayor amplitud el contexto y el sentido que tienen nuestras
acciones. Si el niño ha sido educado en que la vida
tiene un sentido, que va más allá del placer
inmediato, es fácil que se niegue a probar esa sustancia,
con la cual podrá pasar un buen momento, pero que
él ya ha internalizado que no es compatible con su
proyecto de vida. Estos valores han sido transmitidos en
el seno de la familia, por lo que desde luego sentirá
defraudar a sus padres, pero también a todo lo que
sólo ha optado y cree. En este sentido, los estudios
de vulnerabilidad han demostrado que el compromiso religioso
y la pertenencia a grupos comunitarios de acción
social son factores protectores del consumo de droga. Este
es el componente valórico o espiritual de la prevención.
El consumo de drogas tiene en su comienzo un componente
ético. Lo que el hombre siempre busca es el placer,
pero su libre voluntad es la que elige entre el goce físico,
que por definición es egoísta y busca sólo
la propia satisfacción, y el placer que reporta la
relación con el otro. El placer físico produce
una recompensa intensa inmediata, pero poco duradera. Llama
a la repetición y por eso puede conducir a la adicción.
No sólo existe adicción a las drogas, también
a la comida, a los azúcares como el chocolate, los
juegos de azar, la televisión, los juegos electrónicos
o la violencia. El placer que resulta con la interacción
con el otro no es inmediato; implica un trabajo, ceder,
negociar y la posibilidad de rechazo. Pero es duradero y
va fortaleciendo la autoestima.
La elección entre consumir y abstenerse implica este
juego de la libre voluntad; esta libre voluntad que si continúa
el consumo, se irá reduciendo progresivamente. La
rehabilitación del adicto no es otra cosa que devolverle
la posibilidad de elegir a una persona cuyo comportamiento
evidenciaba que era esclavo de su cerebro enfermo. El libre
albedrío es la esencia del ser humano. Este es punto
clave de la enfermedad de la adicción y por eso hablamos
de la enfermedad de los sentimientos.
FIN
Droga y Alcoholismo
Enfermedad de los sentimientos
Editorial Mercurio- Aguilar. Escrito por Raul Schilkrut
y Maite Armendáriz.