Patricia May U.

Antropóloga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién es Patricia May? 

Nosotros y nuestros hijos.
Patricia May U.

 

 Por qué se está haciendo tan difícil ser padres? ¿Por qué hemos llegado a sentir que no podemos hacerlo, que no tenemos la suficiente habilidad y que necesitamos estar permanentemente apoyados por especialistas en todas las áreas para poder desempeñarnos en esa tarea de acoger, escuchar y conducir a otro ser humano?

El surgimiento de especialidades que apoyan el desarrollo de los niños pueden sernos útiles en algunas circunstancias, pero hemos creado una cultura en que si no están algún «ólogo» o en algún curso extra-programático de algo, sentimos que se están quedando atrás. Esto se debe a que nos hemos creído el cuento de que para salir adelante hay que entrar en una lucha de competencia, ataque y defensa, como si vivir fuera una guerra y educar, un entrenamiento para constituirse en una persona armada de recursos para ganarles a los demás.

A partir de esto, en la más profunda desconfianza a lo que son, los educamos en sistemas estresantes que no se adaptan a las necesidades, intereses y ritmos de los niños. A su simple curiosidad y necesidad de jugar y aprender. Y, al mismo tiempo, los saturamos de actividades y cursos, y los ponemos en manos de otros que saben nosotros.

Así es como los que realmente podríamos conocerlos y acogerlos, porque hemos estado con ellos desde antes de nacer, nos alejamos y dejamos que otros se interpongan y se constituyan en los puntales de nuestra relación y su proceso. Al desautorizarnos, nos vamos inhabilitando como auténticos facilitadores de su desenvolvimiento, y perdemos la sensibilidad a lo que ese ser esta necesitando: compañía, dejarlo ser o ponerle límites.

No quiero decir que a veces no necesitemos ayuda; esta puede sernos útil y orientadora en ocasiones, pero hemos llegado a crear una cultura de papas asustados que a partir de la premisa de su incapacidad para criar, han ido perdiendo la confianza en esas «antenitas» que nos hacen saber ser asertivos en relación a lo que está ocurriendo.

¿No será que estamos creando estilos de vida tan exigentes y complicados, desenvolviéndonos en valor que nos generan estrés, que tememos que los niños y los jóvenes simplemente no sean capaces de ser hábiles vivir?

Nuestra relación con los hijos está cruzada por el miedo. Nuestros propios miedos a la vida, por la enfermiza actitud de nuestra cultura de tenerlo todo controlado como si a la existencia se le pudiera poner riendas. Nuestra necesidad de asegurarnos más de la cuenta de que tendrán éxito, que destacarán, a pesar de que sabemos que no controlamos nada, que las cosas no resultan de acuerdo a lo previsto, que no tenemos todas las variables en la mano y que la vida de ellos será una aventura de descubrimientos, caídas y encuentros de todo lo que es el vivir humano.

Por último, la idea de que la existencia es una lucha incesante donde predomina el más fuerte, deviene de un modelo que hemos sustentado por siglos y que ha llevado a los humanos a probar el amargo sabor de la infelicidad.

Hoy sabemos que el devenir de la naturaleza se funda básicamente en actos de colaboración y apoyo mutuo, y somos las generaciones actuales las llamadas a fundar un vivir en el compartir y cooperar, apoyando a nuestros hijos en su expresión, dándoles el mensaje de confianza: las puertas irán desplegándome a tiempo y la vida puede ser una bella aventura de amor y creatividad.

Marzo 2005

 

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