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Las parejas muchas veces anhelan aquellos
tiempos primeros de arrobamiento y magia en que
el otro era simplemente un ser único y especial.
Sin embargo, sabemos que eso dura poco. El
enamoramiento es un estado apasionante, pero
también engañador en que el ser amado no es él
mismo, sino la construcción y proyecciones que
yo hago de él. |
La pareja que perdura necesita ser capaz de sobrevivir
al cese de la ilusión y aprender a amar a otro ser
humano real, tan real como yo y hacer del camino juntos
un proceso de superación personal, de alegría y de un
hacer conjunto en bien del medio en que nos
desenvolvemos.
La pareja está compuesta de personas y no cabe duda de
que si queremos gestar parejas plenas, necesitamos
personas que tengan un concepto vital de irse haciendo
en el camino; que estén dispuestas a mirarse, a
trabajarse, a cuestionarse, a cambiar. Es muy difícil
perdurar unidos en felicidad si no hay de parte de las
personas involucradas una actitud de superación, de
escuchar y de aceptar a otro ser distinto, pero tan
válido como yo.
Es necesario sustentar el concepto de que a través del
tiempo será preciso limar asperezas, adaptarse, ceder en
las formas, aunque no en el fondo sustancial de lo que
soy.
La pareja de los tiempos venideros no puede construirse
sobre la base de la renuncia de ninguno de sus miembros
a los aspectos que dan sentido a su vida. Por eso, es
importante coordinarse para que ambos puedan realizar su
impronta vital. Para ello se precisa de personas que no
renuncien a su más íntimo sentido del vivir y que apoyen
al otro en lo que es importante para él, aun cuando eso
implique renuncias a valores secundarios, como el
dinero, el estatus, la imagen.
Se requiere de la valentía de romper los esquemas de ser
como hay que ser para en conciencia ser lo que queremos
ser: una pareja que se apoya mutuamente, que estimula al
otro a dar los pasos necesarios en su expresión
personal, sin por ello abandonar la propia realización.
Una pareja dispuesta a sacrificarse en pos de logros
vitales, que no se acomoda ni se queda en un estado
determinado solo por miedo. Una pareja que hace de lo
esencial la expresión del ser.
Una pareja así la forman personas que entienden al otro
en su proces6, así como la médula de sus problemáticas
personales, y más que condenar sus errores, se ayudan a
ver con claridad los obstáculos de cada uno. Una
convivencia en que los roces de la vida cotidiana son
entendidos como oportunidades de verse mejor.
De descubrir condicionamientos y traumas, miedos y
rencores, y trabajarlos en la comprensión de que ambos
necesitan estar en continua actitud de revisión y
superación de los limites que nos esclavizan. Personas
que viven la vida en un continuo y cíclico proceso de
completarse e integrarse, y, por tanto, continúan la
relación con el otro no porque lo necesiten para cubrir
sus carencias, o para recibir los estímulos que por sí
solos no pueden darse o repetir las historias
traumáticas de su pasado. No cabe duda, esto es fruto de
un trabajo personal conscientemente dirigido
Mayo 2005 |