Patricia May U.

Antropóloga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién es Patricia May? 

  Tiene sentido mi vida

Patricia May U.

La insatisfacción vital en que viven muchos seres humanos es algo tan generalizado que podríamos decir que se trata de una característica del mundo occidental contemporáneo. No es una problemática específica económica, afectiva, laboral, sino un desasosiego propagado, una necesidad de algo más que no sabemos precisar. Un algo que nos permita sentir que nuestra vida tiene una razón de ser, que es significativa, que no pasaremos por ella sin haber aportado al mundo.

  

Un sentido de vida que vaya más allá de nosotros o nuestras pequeñas parcelas personales, está siendo una necesidad básica que genera grandes crisis y búsquedas. Crisis que a veces llevan a la depresión; búsquedas en las que muchas veces nos perderemos. Pero, buscando, es posible encontrar la nota justa que nos haga vibrar y nos llene de entusiasmo, al ver que nuestra acción transforma el mundo en algo mejor.

 

No necesitamos entonces de nada espectacular. Basta con sentir que con nuestra acción local, pequeña, colaboramos con una chispa a la hoguera de la humanidad. Este proceso tiene que ver con una apertura de la conciencia humana a un nivel más amplio que el egocentrismo, que nos lleva a formar parte de la red planetaria a la cual necesitamos aportar, dar, servir.

 

A nivel personal, el sentido de vivir es una inspiración medular, central, propia, que sintonizamos en lo íntimo del pensar y del sentir, que nos moviliza y nos despierta, que nos emociona y nos lleva a experimentar que nuestra vida ha valido la pena. Es algo personal y, al mismo tiempo, universal.

 

Se relaciona con inspiraciones como el amor, la belleza, el descubrimiento de la verdad, de lo simple, de lo cotidiano. Con caridad, arte, gozo, comprensión, solidaridad, acogida, resolución de problemas concretos, ecología, creación. Cualquiera que sea nuestro sentido, al actuarlo lo haremos con amor y satisfacción,

 

Como vemos, no se trata de una acción específica, sino de una tendencia, de un hálito con el cual podemos ir coloreando todo nuestro vivir.

   

Probablemente a través de la vida ese sentido vaya cambiando, ampliándose, profundizándose. Lo importante en cada etapa es permanecer fieles a él. No perdernos ni abandonarlo por inercia, sino vitalizarlo, impregnarnos día a día de esa inspiración que moldea y da coherencia al vivir cotidiano.

Para ello se requiere una gran fortaleza interior, fuerza para no confundirnos o dejarnos llevar por la corriente, fuerza para permanecer incólumes en lo medular de nuestras vidas.

 

Todo puede cambiar; sin embargo, el centro debe permanecer. «Un viajero de cien mil leguas no pierde de vista su equipaje», afirma el Tao Te King. «Por vastas que sean las perspectivas, no pierde su eje».

 

Quizás sea una buena práctica darse un tiempo cada mañana, antes de empezar la actividad diaria, un tiempo de silencio para contactarnos con la inspiración que imprimiremos a nuestro actuar esa jornada. Una idea que esté detrás de todo nuestro hacer para que al acostarnos en la noche, sintamos que en el trasfondo sonó la nota inspiradora del alma.

 

Mayo 2004

 

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