Patricia May U.

Antropóloga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién es Patricia May? 

Pensamientos felices, vidas felices.
Patricia May

 

Hay una antigua frase oriental que dice que la energía sigue al pensamiento. Esto es, el estado emocional responde al tipo de ideas que lo está conduciendo. Un pensamiento rencoroso trae emociones rabiosas y un estado bioquímico, hormonal y nervioso determinado. Por el contrario, uno optimista trae un estado emocional alegre y una bioquímica feliz.

De acuerdo a esto, con los pensamientos cotidianos, esos que aparecen  sin que ni siquiera nos demos cuenta, cuando vamos en el metro o nos duchamos, estamos construyendo nuestro estado emocional y físico. Es decir, la armonía o desarmonía corporal, la felicidad o infelicidad en que vivimos.

El punto es que si o hemos hecho un trabajo consciente y persistente a través de los años de conducción de nuestros estados mentales, lo mas probable es que estos  conformen “la loca de la casa”, como decía Santa Teresa. Una loca que nos lleva a elucubrar, a recordar saltando de un punto a otro y que muchas veces nos hace entrar en estados a los que no sabemos como llegamos. De pronto nos vemos envueltos en un estado angustioso, por ejemplo, y no estamos conscientes de que tuvimos pensamientos que anticipaban catástrofes que quizás nunca ocurrirán.

Es patético pensar que los seres humano modernos nos creemos dueños del mundo y ni siquiera podamos apacentar a nuestro propio pensamiento.

Es patético pensar cuantas guerras, cuantas rencillas familiares tienen como base pensamientos  desbocados y egoístas. Es esperanzador pensar cuanto cambiaria nuestra historia si nos diéramos cuenta de esto y fuéramos sabios conductores de nosotros mismos.

Domesticar el pensamiento que se nos escapa, que vaga y que muchas veces nos daña sin que nos demos cuenta, es posible mediante técnicas de centración mental y meditación.

Cuando estamos enrollados con un problema, perturbados en lo emocional, es precisamente un pensamiento tranquilo y desapasionado el que nos va sacando de la desesperación, mostrándonos caminos de salida. No se trata de ser frío y racional,  sino de activar ese pensamiento comprensivo, amoroso, que nos permite entender nuestra vida y sus aconteceres como parte de un proceso de evolución y crecimiento mayor; que nos permite enfocar las problemáticas como vivencias que nos ayudaran a ser mas humanos y limpios de espíritu.

Con el pensamiento construimos nuestras vidas. El es el que nos lleva a vivir en el cielo o en el infierno, de acuerdo a como enfocamos los distintos ciclos de la existencia. Por ello es importante el conocimiento, un saber que nos abra nuevas perspectivas y nos entregue la posibilidad de dar enfoques mas amplios a lo que es el ser humano y sus razones vitales.

Si mi pensamiento es estrecho, mezquino, egocéntrico, mi vida también lo será. Si me abro a visiones mentales generosas, plenas de sentido, podré caminar por sendas más amplias.

Darse cuenta de esto es tomar responsabilidad sobre la propia existencia y dejar de quejarse o culpar a otros. Si quiero mejorar mi calidad de vida, tengo que comenzar por cambiar yo. Si tengo la columna adolorida quizás me vendría bien hacer ejercicios de relajación, si tengo pena, quizás seria bueno hablar con un amigo o ir a una terapia, si necesito ampliar mis horizontes, por allí debo echar mano a un libro o curso.

Lo cierto es que cada uno forja su existir y, si queremos vivir en el cielo, tenemos que ir abriéndolo paso a paso en lo profundo de nuestra mente.

Octubre 2005

 

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