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Hay
una antigua frase oriental que dice que la energía
sigue al pensamiento. Esto es, el estado emocional
responde al tipo de ideas que lo está conduciendo.
Un pensamiento rencoroso trae emociones rabiosas
y un estado bioquímico, hormonal y nervioso determinado.
Por el contrario, uno optimista trae un estado
emocional alegre y una bioquímica feliz. |
De
acuerdo a esto, con los pensamientos cotidianos, esos
que aparecen sin que ni siquiera nos demos cuenta,
cuando vamos en el metro o nos duchamos, estamos construyendo
nuestro estado emocional y físico. Es decir, la armonía
o desarmonía corporal, la felicidad o infelicidad en
que vivimos.
El punto es que si o hemos hecho un trabajo consciente
y persistente a través de los años de conducción de
nuestros estados mentales, lo mas probable es que estos
conformen “la loca de la casa”, como decía Santa
Teresa. Una loca que nos lleva a elucubrar, a recordar
saltando de un punto a otro y que muchas veces nos hace
entrar en estados a los que no sabemos como llegamos.
De pronto nos vemos envueltos en un estado angustioso,
por ejemplo, y no estamos conscientes de que tuvimos
pensamientos que anticipaban catástrofes que quizás
nunca ocurrirán.
Es patético pensar que los seres humano modernos nos
creemos dueños del mundo y ni siquiera podamos apacentar
a nuestro propio pensamiento.
Es patético pensar cuantas guerras, cuantas rencillas
familiares tienen como base pensamientos desbocados
y egoístas. Es esperanzador pensar cuanto cambiaria
nuestra historia si nos diéramos cuenta de esto y fuéramos
sabios conductores de nosotros mismos.
Domesticar el pensamiento que se nos escapa, que vaga
y que muchas veces nos daña sin que nos demos cuenta,
es posible mediante técnicas de centración mental y
meditación.
Cuando estamos enrollados con un problema, perturbados
en lo emocional, es precisamente un pensamiento tranquilo
y desapasionado el que nos va sacando de la desesperación,
mostrándonos caminos de salida. No se trata de ser frío
y racional, sino de activar ese pensamiento comprensivo,
amoroso, que nos permite entender nuestra vida y sus
aconteceres como parte de un proceso de evolución y
crecimiento mayor; que nos permite enfocar las problemáticas
como vivencias que nos ayudaran a ser mas humanos y
limpios de espíritu.
Con el pensamiento construimos nuestras vidas. El es
el que nos lleva a vivir en el cielo o en el infierno,
de acuerdo a como enfocamos los distintos ciclos de
la existencia. Por ello es importante el conocimiento,
un saber que nos abra nuevas perspectivas y nos entregue
la posibilidad de dar enfoques mas amplios a lo que
es el ser humano y sus razones vitales.
Si mi pensamiento es estrecho, mezquino, egocéntrico,
mi vida también lo será. Si me abro a visiones mentales
generosas, plenas de sentido, podré caminar por sendas
más amplias.
Darse cuenta de esto es tomar responsabilidad sobre
la propia existencia y dejar de quejarse o culpar a
otros. Si quiero mejorar mi calidad de vida, tengo que
comenzar por cambiar yo. Si tengo la columna adolorida
quizás me vendría bien hacer ejercicios de relajación,
si tengo pena, quizás seria bueno hablar con un amigo
o ir a una terapia, si necesito ampliar mis horizontes,
por allí debo echar mano a un libro o curso.
Lo cierto es que cada uno forja su existir y, si queremos
vivir en el cielo, tenemos que ir abriéndolo paso a
paso en lo profundo de nuestra mente.
Octubre 2005 |