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Desde hace algunas décadas estamos abriéndonos
a comprender que la vida es una red
interconectada, que las energías circulan a
nivel físico, emocional, mental. Que no
existimos como entidades separadas y que todo
intento por superponer nuestra existencia y sus
intereses sin contemplar al conjunto, es un acto
al menos de ignorancia, que en el largo plazo
nos traerá infelicidad. |
En este momento es de vital importancia que las
personas y los grupos generen visiones de una realidad
en un continuo flujo, de interconexión y servicio mutuo,
puesto que la energía sigue al pensamiento y este abre
caminos, sendas en campos invisibles que luego podrán
transitar otros.
Es preciso fortalecer líneas de pensamiento que
nos lleven a gestar nuevos mundos. Seguir pensando que
la vida es una mezquina lucha por ganar la mejor tajada,
solo nos llevará a perpetuar el mundo que hemos creado
hasta ahora. Un nuevo modo de ver nos llevará a nuevos
modos de vivir.
¿Qué tal si viéramos la vida como una red
multidimensional, en que cada entidad existente es un
nodo de esa red, un canal por donde circula la energía,
donde cada uno de nosotros tonaliza con su expresión lo
que recibe, entregándolo renovado a los demás?
¿Qué tal si entendiéramos que el bien de todos
es el bien de cada uno, que al compartir mis
conocimientos, habilidades o tesoros personales
generaremos una expansión mutua?
¿Qué tal si dejo de pensar que la vida es una
lucha en la cual tengo que ganarles a otros y comienzo a
pensar que la colaboración es la llave para
interconectarnos en plenitud, entusiasmo y creatividad?
¿Qué tal si dejamos de pensar que si otro
alcanza lo que yo he logrado eso me aminora, y
colaboramos para ir juntos en esta aventura de
expansión?
¿Qué tal si pienso que lo que tengo ahora,
incluso los problemas, son los desafíos precisos para ir
a nuevas expansiones?
¿Qué tal si manejamos este enfoque en la
educación y vemos a profesor y alumno como dos personas
concertándose en la danza de un aprendizaje mutuo?
¿Qué tal si las empresas enfocan sus procesos
en el logro de un aporte a la comunidad, en el cual
todos sus trabajadores entregan su actividad al servicio
de un propósito, dando así una dignidad al trabajo
mismo, además de la retribución en dinero?
¿Qué tal sí entendemos la familia como un
microcosmos donde estamos todos ayudándonos y
apoyándonos en la realización de cada uno y en el aporte
que como grupo hacemos al medio?
¿Qué tal si entendemos la enfermedad como
camino de renovación y la relación médico-paciente como
la de un facilitador que nos ayuda a comprender las
causa y caminos de nuestra propia sanación?
¿Qué tal si dejamos de mirar la vida desde
nuestro trono personal o grupal para vernos concertados,
humanos, legítimos todos, aprendiendo de las
diferencias, entendiendo que el gran mecanismo del
universo es la complementación, la solidaridad, y que el
bien mío no es independiente del de todos, sino que está
en intima conexión porque todos somos uno?
Atrevámonos a ver bajo otro prisma, a pensar
distinto, a ser locos, como Leonardo da Vinci,
Copérnico, Colon, Gandhi y todos los que con su visión
gestaron nuevos mundos.
Agosto 2005 |