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Escuchar
al alma y escoger en profunda fidelidad al llamado
interno, requiere de un gran valor para tomar
caminos propios, caminos de realización muchas
veces poco convencionales o que no se ajustan a
los papeles preestablecidos como correctos por la
sociedad de consumo.
Se
necesita la valentía de no vivir sujetos a la imagen,
de aceptar nuestras fallas y desde ahí caminar, de no
parecer «perfectitos» a los ojos de los demás,
negando nuestras humanas necesidades y dualidades.
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Se
requiere de probar caminos laborales, de organización
de la pareja y la familia, de los roles
femeninos-masculinos, de relación con los otros, de uso
y ganancia del dinero, de aportes a la comunidad que
partan desde la originalidad personal y grupal, y no
desde esquemas dictados por la sociedad.
En
el transcurso de la vida muchas veces perdemos contacto
con una motivación personal y es allí que la claridad
meridiana de la conciencia y la clara voluntad juegan su
papel. Quizás atravesaremos por etapas en que la noche
oscura del alma no nos permita encantarnos con el
contacto interno y nos sentiremos perdidos y
desorientados.
Es
importante saber que el dolor, la confusión, el
perderse, forman parte del caminar humano y que en la
medida en que aceptamos la aridez de la falta de
inspiración y nos abrimos a conectar nuestras propias
oscuridades, nos estamos conociendo en el lado oculto de
la luna.
Es
una gran oportunidad de concientizar nuestras fuerzas
subterráneas para que no nos dominen desde lo oculto o
lo inconsciente. Solo quien se conoce y acepta,
aprendiendo a conducir sus temores, puede verse libre de
una dictadura cultural como la nuestra que centra sus
mensajes de consumo, estatus y éxito en los miedos e
inseguridades de las personas.
Los
valores alienantes alejan al ser humano de su verdad y
llevan a vidas insatisfactorias. Es esto lo que vemos en
muchas personas que aparentemente deberían ser felices,
puesto que tienen todo aquello que deberían tener. Sin
embargo, son miserables en relación a sí mismas y bajo
la máscara estética de felicidad, muchas veces
esconden la frustración de no ser quienes son.
Afortunadamente
nunca es tarde; aun en el último aliento un ser humano
puede reconocer a su alma y no importa si se es viejo o
joven, las personas pueden comenzar a escuchar su voz
interna.
Ahora
bien, el tema de las elecciones tiene una veta más
sutil y está relacionada con la cotidianidad. En cada
minuto estamos escogiendo hacia dónde dirigir el
pensamiento, con qué emociones involucrarnos. Muchas
veces no nos damos cuenta de que el pensamiento nos
lleva de acá para allá como una nave a la deriva,
gobernada por fuerzas que no conoce ni maneja. En el ser
humano está toda la potencia para conocer y conducir
conscientemente su flujo mental, lo cual requiere
evidentemente de una disciplina de vida.
Tenemos
la tendencia a quedarnos pegados en ideas obsesivas y
ello no hace sino conducirnos a construir nuestros
particulares infiernos de neurosis varias.
Cada
instante escogemos si enfocar los problemas como
oportunidades de mirarnos y ampliarnos, o quedarnos en
el resentimiento y el reproche a la vida y a los otros.
Cada momento elegimos ser felices o desgraciados de
acuerdo al enfoque que damos a la vivencia. Así, por
ejemplo, esperar en una cola puede ser una situación
que nos acelere e indigne, o una oportunidad para
respirar profundo, reflexionar, observar, pasarlo bien.
Es nuestra elección de cada momento o las grandes
decisiones de la vida en sintonía con el efluvio del
alma, lo que nos lleva a una vida plena y feliz.
Junio
2004
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