Patricia May U.

Antropóloga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién es Patricia May? 

El mundo que hemos creado
Patricia May

 

La conciencia del «yo» es lo que nos hace plenamente humanos. «Yo soy», «yo existo», «yo sé que sé» son las ideas que nos hicieron despuntar desde la conciencia colectiva del animal a aquello que llamamos conciencia de ser y existir. Es decir, a lo que es propio de lo humano. Con esa conciencia se abrieron enormes posibilidades de expresión, realización y opción a estos nuevos hijos del planeta.

Sin embargo, en nuestra cultura, el yo, expresado en un ego; o sea, en una entidad disfrazada, enmascarada, acorazada, llena de espejos que le reflejan su imagen, ha llegado a sobredimensionarse tanto, a exacerbarse a tal punto, que con ello estamos generando nuestra propia destrucción.

Hemos buscado nuestro bienestar sin entender que este no es independiente del todo, y con esta lucha excesivamente focalizada en mi bien (o en el de mi familia o grupo), en mi progreso, en mis realizaciones, hemos ido dejando un campo asolado de naturaleza destruida y personas dañadas.

El ego extendido a los pequeños grupos con que me identifico -familia, país, clase social, raza, religión, comunidades de distinto tipo- siempre se sitúa en una mirada exclusiva, centrada en sí como una entidad separada, como un círculo cerrado cuyo movimiento natural es competir y defenderse de los otros, pensando que «somos los mejores», «los buenos» y los otros, «los malos», o los equivocados.

Es curioso observar cómo las agrupaciones -nacionales, raciales, religiosas, de clubes o colegios- tienden a pensar que están tocadas por una aureola especial que las hace distintas y mejores. Los argumentos sobran; somos astutos cuando se trata de argumentar en nuestro favor. En esta perspectiva, los grupos, en vez de transformarse en fuentes interconectadas, en enlaces creativos con el mundo, se transforman en cuevas donde nos protegemos, nos identificamos y aseguramos nuestra superioridad.

Esta mirada ha transformado el vivir en una competencia, en una constante lucha por sobrepasar a los otros, por demostrar nuestra superioridad. En un pensar que los otros son seres amenazantes de los cuales me tengo que proteger, en un estrés permanente que nos muestra su fruto amargo en las depresiones, el aislamiento, el desencanto y la falta de incentivo para vivir que encarnan tantos adultos, jóvenes y niños.

Así es como transformamos a nuestras parejas, hijos y relaciones en general en seres separados que están en la vida para cumplir mis expectativas. El ego vive en el espejismo o en el oculto deseo de que el leit motiv de los otros sea vivir por él. Como esto no ocurre, se frustra, manipula, se defiende, lucha y transforma su vida en un infierno.

Esta visión de la vida como formada por partes separadas que tienen que contraponerse para sobrevivir es un paradigma que la humanidad viene sustentando por algunos siglos y que hemos trasladado a todas las áreas del vivir, incluyendo las relaciones internacionales en que todos son potenciales enemigos frente a los cuales tenemos que estar preparados para defendernos.

Este no es el modo en que es la vida, sino solo el cristal con que la miramos; necesitamos generar nuevas miradas, pensamientos de inclusividad y colaboración. Hemos construido el mundo tal como lo hemos pensado. Con otra mirada, con un pensamiento renovado, gestaremos realidades diferentes.

Los audaces, los pioneros de un nuevo mundo ya están aquí, pensando la vida como un todo danzante de colaboraciones y coordinaciones y serán aquellos que se atrevan a soltar sus miedos y dejarse conducir por el despliegue natural de la vida quienes abrirán las sendas por las que la humanidad transitará en el futuro.

Agosto 2005

 

Si tienes alguna consulta envíala a través de un e-mail.

Ir Arriba
Volver a Desarrollo Humano

mundo mujer® Todos los derechos reservados. 2001