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La
paz tiene que ver con un estado de integración
personal en que sentimos que estamos siendo verdaderos,
que en lo posible no nos estamos engañando
respecto de lo que somos y de nuestro actuar en
el mundo, que estamos viendo a ojo desnudo nuestras
falencias y reorientándolas de acuerdo
con lo que nos indica nuestra brújula interna. |
Quizás
para nosotros la tolerancia es un gran valor y descubrimos
que en lo íntimo y cotidiano somos intolerantes;
o pensamos que los afectos son lo principal y, sin embargo,
no les damos tiempo, o que confiamos en los procesos
de la vida, o en Dios y vivimos muertos de miedo a lo
que pueda ocurrir, o que el dinero es sólo un
medio y lo transformamos en una obsesión por
la cual estamos dispuestos a vender lo mejor de nuestros
momentos.
Son este tipo de contradicciones las que muchas veces
nos hacen ruido y no nos permiten vivir en paz.
Vivir en paz es vivir en honestidad nuestros procesos,
es estar tranquilos en la idea de que no le hemos hecho
el quite a la vida, sino que la hemos mirado con ojos
desnudos y hemos sido capaces de romper con nuestras
propias prisiones para ser de verdad, y desde nuestra
propia pacificación, ser pacificadores del mundo.
La coherencia requiere también ese silencio profundo
de la mente que nos sintoniza con la frecuencia del
alma. Necesitamos alivianarnos, armonizarnos, encantarnos
para percibir la sutil y potente presencia del alma
en nosotros y, desde esa claridad y quietud, entender
el sentido que queremos darle a nuestra vida, los valores
que están enclavados en lo profundo y que para
nosotros es fundamental expresar para vivir en paz.
Diciembre 2005 |