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Me
da tanto gusto ver cómo los negocios que un día
comenzaron como un proyecto, como un sueño, se
van haciendo realidad y afianzando. Sobre todo cuando
uno ha seguido la vida de una empresa desde que no era
más que una pequeña idea en la mente de
unas pocas personas. Eso es lo que me ha ocurrido con
esta historia que les voy a contar. Y se las quiero
transmitir porque sé cuánta dedicación,
cuánto esfuerzo, pasión y optimismo hay
detrás.
Que un ingeniero comercial y profesor universitario
dedicado a la enseñanza teórica de los
negocios y del espíritu emprendedor se atreva
con su propia empresa no es algo común en nuestro
país, donde usualmente los académicos
viven en el limbo del mundo de las ideas, y tienen poca
relación directa con este otro mundo, el de los
soñadores y audaces que se atreven a poner en
práctica aquello sobre lo cual en las universidades
se teoriza. Hace varios meses que Cristián, un
chiquillo joven, novio de una de mis colaboradoras,
brillante profesional y profesor universitario decidió
arriesgarse con su propio negocio, un café al
más puro estilo europeo, y en pleno corazón
de Valparaíso. Trajo de Italia los mejores granos
y un concepto de excelencia en el servicio que no ha
dejado de impresionar a todos cuantos hemos seguido
de cerca su proyecto. Entrar al Puro Café, en
la calle Edwards en Valparaíso, es una experiencia
inolvidable y absolutamente recomendable. Es como entrar
a un café en Buenos Aires, todo allí es
buen gusto y calidez: la arquitectura, el diseño
y la ambientación que evocan la mejor tradición
de nuestro puerto, el olor a café recién
molido, las mesitas con los clientes habituales que
hicieron un alto en su jornada para disfrutar de una
buena conversación o una buena lectura al calor
de un café delicioso… todo es agradable y resume
lo que uno espera de un café. Pero, a mi juicio,
lo mejor de todo, es ser recibido personalmente por
el dueño, de mandil, atendiendo amablemente a
todo el que llega, sirviendo él mismo el café,
recomendando nuevas preparaciones… En fin…. Se nota
que tiene pasión, ilusión y entusiasmo
por lo que hace y que cuida su negocio. En su caso,
existe, además, una base teórica muy fuerte,
y así, da gusto conversar con Cristián
acerca de marketing, de costos, de riesgos, de empresa,
de excelencia en el servicio, de proyectos.
En
eso consiste el desafío de la empresa propia.
El que no se arriesga no cruza el río, como dicen
por ahí. Hay que saber, tener talento y pasión,
contar con algún capital y tomar la decisión
de invertir en ese negocio con el que has soñado
y que tiene tanto que ver contigo. Si tienes dudas,
pregunta mucho, evalúa, observa, déjate
llevar por tu intuición, pero fórmate,
lee artículos de negocios, inspírate,
y prepárate para esta aventura llena de riesgos,
de sacrificios, de adrenalina, de frustraciones, pero
también de logros, de alegría, y de la
posibilidad cierta y real de vivir dignamente de una
actividad que te llena el espíritu, que es un
constante desafío y por lo mismo te hace crecer
como persona y mantiene joven tu espíritu.
Noviembre
2007
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