| ALGUNAS REFLEXIONES Seguramente más de algún chiste sobre abogados habrán escuchado en su vida, y siempre se refieren al lado oscuro de éstos, que no llegan al cielo, que son tramposos, mentirosos, que se coluden con la contraparte, etc. ¿Se ha preguntado el por qué? Yo sí, y recientemente tuve una experiencia con una clienta que me ha hecho replantearme lo anterior. Siendo esta la abogacía una profesión maravillosa, en la que una actúa como colaborador de la justicia, de modo de ir de la mano con aquellos que por sí mismos no han logrado resolver un conflicto y deciden someterlo a la jurisdicción de un tercero: el Juez, resulta que muchas veces nuestra profesión es muy cuestionada. Siendo de aquéllas que debieran gozar de un gran prestigio por la honorabilidad y honestidad que debiera llevar. En dos oportunidades en mi vida laboral, un par de clientes me han dicho, ojala todos los abogados fueran como tú, pero yo necesito uno que juegue sucio, que sea agresivo, porque yo quiero destruir a la otra parte. Es el propósito de la justicia, como finalidad última “destruir al otro”, “aniquilarlo”. Probablemente estas personas en su fuero íntimo querían literalmente borrar del planeta a su contraparte, pero como no podían por las consecuencias de tal acto, optan por hacerlo de forma simulada a través del uso de los tribunales. En alguna oportunidad he escuchado esto de que los juicios son una “guerra”. Si profundizamos un poco: ¿Quién gana realmente en una guerra? Y si lo logra ¿cuál es el precio que ha debido pagarse?. Recordemos que el triunfo debe medirse por aquello en lo cual has tenido que convertirte para obtenerlo. ¿A qué tuviste que renunciar para lograr tu objetivo? No amigas mías, los Tribunales y los abogados no somos para eso. La Justicia, según definía hace muchísimo tiempo Ulpiano, es “la Virtud de dar a cada cual lo suyo” y esto es lo que debemos buscar cuando iniciamos un proceso judicial. Que las cosas se ordenen, se armonicen al punto que se produzca un equilibrio. Si alguien les arrebata algo, no es el propósito, eliminar a esa persona, sino, restaurar la equidad, volver las cosas al punto original y compensar los daños que se han producido. Si te vuelves como tu ofensor, créeme amiga, no has ganado, has perdido, porque te has vuelto exactamente igual a aquello que estás criticando. En materia de familia, donde hay mucho dolor, frustraciones, rabias y resentimientos, hay que moverse con suma delicadeza, acogiendo y calmando a quien ha solicitado nuestra asesoría. Considero parte de nuestro deber profesional como abogados apoyar a esa persona en su proceso de sanación. Si bien no somos sicólogos, tenemos recursos para ir orientando adecuadamente a nuestros clientes y cuando el daño que observamos es muy grande, derivarlos a los profesionales competentes para que los apoyen en su proceso, pero de ahí en transformarnos en instrumentos de venganza, no me parece que sea muy profesional que digamos. continúa aquí Reales interesadas contactarse al 094818873. ANA MARIA RIVERA A. ABOGADO U.C. Febrero 2005 |