| APRENDIENDO A NEGOCIAR Una de las habilidades que debemos ser capaces de traspasar a quienes nos piden nuestra asesoría en materia de conflictos familiares, es la capacidad de negociar. Sucede que muchas veces quienes nos consultan pretenden traspasarnos el poder de las decisiones o las responsabilidades de sus elecciones pasadas, como también que seamos nosotros los abogados quienes hablemos por ellos. Es importante que el abogado logre lo que el jurista argentino Eduardo Cárdenas denomina “el cliente negocia y el abogado asesora”. Conversando semanas atrás con don Eduardo, el señalaba que se había dado cuenta en sus 20 años de juez de familia en argentina, que los juicios no solucionan los conflictos en familia, y motivado por esto comenzó de mutuo propio a trabajar con un equipo multidisciplinario en su tribunal, para luego fundar con un grupo de colaboradores una fundación. El abogado debe evitar caer en la tentación de una escalada judicial, la que muchas veces los clientes proponen o que algunos abogados aconsejan. Resulta una necesidad evidente en los conflictos familiares, recuperar la autoestima y hacer un análisis profundo de las diversas opciones que existen que puedan ayudar a nuestro cliente a solucionar el o los conflictos que tiene, o que se le otorguen las herramientas para que aprenda a conducirlos adecuadamente. El profesional debe llevar de la mano a su cliente para abrirle un espacio de confianza en la cual juntos puedan explorar cuáles son sus verdaderas necesidades, las ventajas y desventajas de los diversos medios de satisfacerlas, y que sea el propio cliente el que escoja. Asimismo debemos contribuír a incentivar el dialogo, a recuperar la comunicación en esa familia si ello es lo mejor para el caso en cuestión. Lo anterior no puede darse en una consulta rápida, ya que esto requiere tiempo, es necesario conocer al cliente mas allá de las palabras, hay que abrir un espacio de confianza recíproco, pues también el cliente necesita confiar en el profesional que lo asesora. Muchas veces la gente quiere cambios pero no está dispuesta a ceder, a dejar conductas destructivas o a modificar el ambiente y su contexto. Todo cambio involucra un crecimiento, toda crisis una oportunidad y es fundamental ir descubriendo las ventajas secundarias de determinadas conductas, ir develando los miedos y los fantasmas que aparecen. Paulatinamente vamos a ir estableciendo criterios objetivos que le permitan tomar una dirección, la cual no debe ser rígida, sino que flexible, para ir adaptándose a la realidad. Lo anterior resulta válido entre los conflictos entre los hijos, padres e hijos, de pareja y de todo el grupo familiar. Si tomamos el ejemplo de las visitas, se hace necesario que la ex pareja pueda comunicarse y no que cada vez que se quiera ver al hijo se recurra al abogado, o que cuando se pida estar con el niño para el cumpleaños de la abuelita por ejemplo, se responda que me llame tu abogado. Si se llega a estos extremos, quiere decir que ambos no han sido bien asesorados. Si una pareja decide no continuar juntos, debemos propender a incentivar al cliente que lo haga con la mayor altura de miras posible, sin destruírse ni a si mismo ni al otro. Si la mujer quien tiene el cuidado personal de los niños está bien, los niños estarán bien. Por su parte si el marido y/o el padre está bien, podemos tener la confianza que cuando ejerza las visitas, los niños también lo estarán, y que cuando surja alguna necesidad real e inminente mas allá de los alimentos que se puedan haber pactado, el otro se hará presente como un aliado. Así todos ganan y el proceso se vive de mejor forma en beneficio para todos. Nuestra orientación en el ejercicio de la profesión en materia de familia debe necesariamente cambiar, ser mas abierta al diálogo y a la mira en el largo plazo. Los juicios dejarlos solo para aquellos casos en que necesariamente se requiere una sentencia judicial, por ejemplo: la declaración de divorcio que solo puede ser decretado por un Tribunal de Familia y para aquellas situaciones en que pese a todos los esfuerzos (negociación directa, asistida, mediación, conciliación) ha sido imposible llegar a un acuerdo. Solo así podremos construír una sociedad mas pacífica y colaborativa y a la vez enseñar a nuestros hijos a actuar de un modo similar para cuando en el día de mañana tuvieren que vivir una situación parecida. A veces no es fácil pensarán uds., concuerdo con ello, pero el esfuerzo en el tiempo vale la alegría. ANA MARIA RIVERA A. ABOGADO U.C. Octubre 2007 |