Anatomía y respuesta sexual femenina
Parte III



Perineo: Es la zona de piel sin vello entre la parte inferior de los labios y el ano, que a veces se rasga o corta intencionadamente durante el parto para permitir el paso de la cabeza del bebé por la cavidad vaginal, operación que se denomina episiotomía. Al igual que otras partes de los genitales, el perineo contiene terminaciones nerviosas sensoriales y es sensible al tacto. Para algunas mujeres es fuente de excitación.

Himen: Es la fina membrana tisular que cubre parcialmente la cavidad vaginal en las jóvenes pero que puede estirarse o rasgarse durante la práctica deportiva, la masturbación, el uso de tampones o el coito. El himen varía de forma y de tamaño. Algunas mujeres ni siquiera lo tienen al nacer. En las sociedades primitivas, se suponía que las novias debían tener el himen intacto como prueba de virginidad y en ciertas culturas las mujeres con el himen rasgado eran devueltas a sus padres. El coito puede estirar el himen más que rasgarlo. Aunque las sábanas ensangrentadas eran un indicio tradicional del desfloramiento de una novia virgen, la realidad es que la primera relación sexual de una mujer no suele resultar demasiado dolorosa ni ir acompañada de una hemorragia fuerte.

Órganos internos

Vagina: La vagina tiene forma de tubo y normalmente mide entre doce y dieciocho centímetros de largo, se extiende hacia arriba y luego hacia la región baja de la espalda. Normalmente, las paredes de la vagina se rozan ligeramente entre sí, pero durante el parto la vagina tiene la increíble capacidad de expandirse para permitir el paso de un bebé. Del mismo modo, se contrae y tiene la elasticidad suficiente para amoldarse a un dedo, un tampón o un pene. Justo en el interior de la cavidad de la vagina se encuentra una cresta formada por músculos que se tensan alrededor del pene durante el coito. Esta cresta son los músculos elevadores del ano, que forman parte de la estructura de sujeción del suelo de la pelvis. Las protuberancias o irregularidades del revestimiento de la vagina se denominan pliegues vaginales. La falta de dichos pliegues en la vagina supone la pérdida del músculo liso en la pared vaginal. Esto puede producirse debido al envejecimiento, a la menopausia o al prolapso del suelo pélvico.

El revestimiento de la vagina se denomina mucosa y es similar a la piel lisa del interior de la boca. La lubricación se produce durante un proceso llamado trasudación: la hinchazón de sangre en la vagina hace que se formen gotas en el revestimiento vaginal, que se unen y forman un fluido resbaladizo. Durante el amamantamiento, después de la menopausia e inmediatamente después de la menstruación, la lubricación de la vagina puede disminuir, lo que origina mayor sequedad de las paredes vaginales. La lubricación mayor se produce durante la ovulación, el embarazo y la excitación sexual. La trasudación facilita la penetración vaginal o el coito y también ayuda a mantener la vagina húmeda, químicamente equilibrada y sin bacterias.

La vagina cuenta con un buen número de vasos sanguíneos pero pocas terminaciones nerviosas, excepto cerca de la cavidad. Algunas mujeres dicen que son sensibles al tacto sólo en el tercio exterior de la vagina mientras que otras lo son en toda su extensión, sobre todo si se les presiona el cérvix o la pared vaginal anterior.

En la década de los años ochenta, Alice Kahn Ladas, Beverly Whipple y John D. Perry identificaron una parte importante de la vagina: el punto G, o punto de Grafenberg, en honor al médico alemán que sugirió su existencia por primera vez en 1950. El punto G es una masa de tejido esponjoso, del tamaño de un pequeño garbanzo en estado inactivo, ubicada en la pared frontal de la vagina casi justo debajo de la uretra, o abertura urinaria. Cuando se estimula, el tejído se hincha hasta adoptar el tamaño de, por lo menos, una pequeña moneda.

Para encontrar el punto G lo mejor es ponerse en cuclillas o sentarse y palpar la pared superior frontal de la vagina con el dedo ejerciendo una presión firme y rítmica contra la pared en dirección ascendente. La primera sensación que notan muchas mujeres cuando se tocan el punto G es la necesidad de orinar, pero esa sensación suele pasar si siguen estimulando el punto G hasta que se hinche como una pequeña protuberancia. La estimulación continuada hace que algunas mujeres alcancen orgasmos intensos, que sienten con más profundidad en la vagina que con la de los orgasmos clitoridianos. Además, hay que enseñar a la pareja a localizarlo. La estimulación manual por parte del compañero es una de las formas de alcanzar un orgasmo del punto G, normalmente con tres o cuatro dedos, pero otras mujeres dicen que la penetración por detrás o con la mujer encima en el momento del coito con un compañero paciente también funciona.

Libro: Solo para mujeres

Dras. Jennifer Berman Y Laura Berman





octubre 2003

        

                                                                

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