Su misión resultó algo
difícil pues muchas cosas se habían hecho
para homenajear el nacimiento del Niño Jesús.
Para el día de Navidad, las guerras habían
cesado temporalmente, las catedrales había sido construidas
y grandes novelas habían sido escritas. ¿Cómo
sería posible encontrar entonces algo que representase
todo esto?
Mientras estaba sobrevolando la tierra,
el ángel escuchó el sonido de las campanas
de una iglesia. La melodía que se desprendía
del campanario era tan hermosa que al ángel le recordó
la voz de Dios.
Mirando hacia abajo, vio la pequeña
iglesia de donde provenía la hermosa melodía,
pero también pudo escuchar el canto de un coro que
entonaba "Noche de Paz".
Al ingresar al templo, el ángel
comprobó que había una sola voz que cantaba
la canción. Pero inmediatamente una segunda voz continuó
a la primera en perfecta armonía, y luego otra y
otra hasta que el coro de voces alumbró el recinto
durante toda la noche.
Encantado por el mágico sonido,
el ángel permaneció en el templo hasta que
la canción terminó. Luego, se elevó
de nuevo por los aires escuchando en todo lugar los maravillosos
sonidos que se desprendían de los villancicos.
En todas las ciudades, sean estas pequeñas
o grandes, el ángel escuchó canciones, ya
sean interpretadas por grandes orquestas o por las voces
de los soldados que se encontraban solos en un campamento
militar, alusivas al Nacimiento de Cristo en la tierra.
Y en todos los lugares que el ángel
escuchó las voces y sonidos, encontró paz
en los corazones de esos hombres, mujeres y niños.
Cogiendo con sus manos uno de los sonidos emitidos por una
de las canciones que flotaba en el aire, (los ángeles
pueden hacer esto) pensó que quizás estas
canciones podrían representar lo mejor que hay en
la tierra en esta Navidad.
La voz de los hombres era utilizada para
entonar bellas melodías a través de las cuales
era llevada la esperanza y el aliento a aquellos que creían
haberlo perdido todo.
Sin embargo, a pesar de haber encontrado
la respuesta a lo que él estaba buscando, su corazón
le decía que esta música por sí sola
no era suficiente.
Debería haber algo más.
De esa forma, continuó su viaje a través de
la espesura de la noche hasta que de repente sintió
la oración elevada por un padre en su camino al cielo.
Nuevamente miró hacia abajo y vio a un hombre rezando
por su hija de quien no sabía hace mucho tiempo y
que no estaría en casa para esa Navidad.
El ángel siguiendo la intención
de la oración encontró a la hija de aquél
hombre. Ella estaba parada en la esquina de una ciudad muy
grande. Al frente, había un viejo bar donde fácilmente
uno podía darse cuenta que los que estaban sentados
ahí rara vez levantaban su vista para mirar por encima
de sus bebidas por lo que no notaron la presencia de la
niña.
El que atendía el bar era un hombre
que no creía en nada excepto en su barra y su caja
registradora. Nunca se había casado, nunca tomó
vacaciones y nunca nadie lo había visto lejos de
la barra, ni tampoco sabían desde cuando se inició
en aquel oficio. Él siempre estaba ahí cuando
los clientes llegaban y se iban.
No daba crédito a nadie y de vez
en cuando por 75 centavos de dólar servía
vasos de whiskey con hielo a las personas que pasaban la
mayor parte del tiempo sentados en el bar. De repente, la
puerta se abrió y entró un pequeño
niño. El barman no podía recordar la última
vez que vio a un niño en aquel lugar, pero antes
que tuviera tiempo de preguntarle que quería, el
niño le dijo si él sabía que había
una niña afuera en la puerta que no podía
regresar a casa en la noche de Navidad. Dando un vistazo
por la ventana, vio a la niña frente a la acera.
Volteándose hacia el niño, le preguntó
como sabía eso.
El chico replicó: "Hoy que
es Navidad, si ella pudiese estar en casa con los suyos,
en verdad te digo que lo estaría". El barman
miró de nuevo a la niña pensando en lo que
el niño había dicho. Luego de algunos segundos,
fue a la caja registradora y sacó todo el dinero
que había ahí. Salió del bar, cruzó
la pista y siguió a la niña que había
avanzado unos cuantos metros.
Todos los que estaban en el bar pudieron
ver cuando él hablaba con la niña. Luego,
llamó a un taxi, la hizo subir a él y le dijo
al chofer: "Al aeropuerto Kennedy".
Mientras que el taxi se perdía
en medio de los demás autos, volteó para buscar
al niño, pero él ya se había ido. Regresó
al bar y preguntó a todos si alguien había
visto a donde se había ido el chico, pero como él,
todos estaban viendo como se perdía el taxi en las
calles.
Y luego alguien comentó entre
risas que el milagro más increíble del mundo
sucedió, pues durante el resto de la noche, nadie
pagó por un trago. El ángel voló de
nuevo.
Subió al cielo y puso en las manos
de Dios lo que finalmente había encontrado para Él:
el deseo de un alma por la felicidad de otro.
Y Dios Padre sonrió.
Flor Miriam.
Diciembre 2006
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