Quien preside la ceremonia,
presenta su vela a los asistentes y señala:
Erase una vez una vela como cualquier otra, que vivía
como la mayoría de las velas de este mundo,
sin cuestionarse ni mirar mucho a su alrededor.
Cansada de esta rutina, decidió
participar en un curso de desarrollo personal. Durante el
curso
descubrió una serie de datos interesantes sobre su
propia identidad: la cera de que estaba hecha
era especial, ecológica y no contaminaba. La mecha,
a su vez, era de largo duración y el color
hueso estaba de moda y era altamente cotizado en el comercio.
Llego a la conclusión que era
una vela muy especial, muy de moda y bien valorada en la
sociedad.
Pero, al poco tiempo volvió a la antigua rutina y
a vivir sin un sentido.
En eso estaba, cuando de pronto, sin
saber como, tuvo un contacto fugaz con una llama que
prendió su mecha.
El narrador enciende la mecha
de su vela, y continúa:
Y, gran sorpresa gran, la vela empezo
a tener luz propia. Estaba fascinada, donde llegaba el
medio cambiaba,
no solo iluminaba cada rincón, sino que alejaba las
sombras. A su vez, vio como el hecho de
dar luz influia profundamente en su entorno. Ahora si que
se sentia realizada, tenia una razon
de vivir.
Estaba tan feliz, que quiso compartir su emoción
con todo el mundo, y para su asombro
cuando se acercó a otra
vela para contarle lo que le habia pasado, le prendio su
mecha ...
El narrador enciende otra
vela con la suya
... con los mismos resultados que habia vivido ella.
Los asistentes forman una
cadena encendiendo sus velas, unos a otros
... y la velita se dio cuenta lo maravilloso
que se producía cuando más y más velas
se unían,
iluminando con su luz su entorno, su familia, sus amigos
y sus lugares de trabajo.
(Texto extraído de Viviendo la
Navidad, de Navidad con Sentido)
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